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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2018.

Los otros santos

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El entonces arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, entrega una fotografía de Grande como obsequio al papa Pablo VI.

Foto www.romerotrust.org.uk

Pablo VI, Óscar Arnulfo Romero, Francisco Spinelli, Vicente Romano, María Catalina Kasper, Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, Nunzio Sulprizio. Las últimas canonizaciones de la Iglesia el pasado octubre. Papas, arzobispos, fundadores; de todas las nacionalidades; e incluso exiliadas de nuestra Guerra Civil, o laicos lacerados por la enfermedad.

¿También se ha actualizado el pasaporte a la santidad? “Jesús sigue diciendo: «Vende lo que tienes y dáselo a los pobres»”, resaltaba Francisco en su homilía. Los más cercanos, acaso Pablo VI y Monseñor Óscar Romero. Continuador del Vaticano II, cercano a las fábricas, impulsor ecuménico, conocedor de Europa Oriental y América Latina… Y el santo salvadoreño de los pobres, asesinado en plena Eucaristía en octubre del 79.

“El 12 de marzo de 1977, el padre Rutilio Grande, S. J., amigo íntimo de Romero, fue asesinado en la ciudad de Aguilares junto a dos campesinos”. Sería el detonante. Cuatro años de párroco en la humilde aldea; responsable como jesuita de las Comunidades Eclesiales de Base campesinas; enfrentado a los gerifaltes del poder. “…me doy perfecta cuenta que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras. Sólo nos llegarán las cubiertas, todas las páginas son subversivas” (sermón de Apopa). Fusilado a los 48 años. Su proceso de beatificación se abre en 2015.

Una madre de familia y sus ocho hijos, campesinos y sencillos comerciantes textiles, son testigos directos de la muerte del querido párroco y confesor. También de la masacre de El Mozote, 900 hombres mujeres y niños ejecutados, el mayor holocausto latino y occidental de hoy. “A las doce del mediodía ya habían matado a todos los hombres”, declaraba Rufina, única superviviente.

Una de las hijas me contaba: “Yo tenía 13 años, al final de la guerra civil salvadoreña. Íbamos en autobús de Aguilares a San Salvador, y en Guazapa tuvimos que parar. La guerrilla estaba disparando. Nos ocultamos tras una pila de tusas de maíz, logramos escapar”. Es Carla, mi asistenta personal.

Siria, Venezuela, Nicaragua… ¿Nos veremos los hijos de Dios de a pie resplandecer? La película “Voces inocentes” es una puerta al alba.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 2 de noviembre de 2018).

01/11/2018 19:26 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

La primera Eva

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Sahlework Zewde en su toma de posesión en Addis Abeba.

Foto Tiksa Negeri (REUTERS) - El País

Indira Gandhi, Rigoberta Menchú, Malala, Asia Bibi. Algo nos suenan. Joyce Banda, Ellen Johnson-Sirleaf, Sahlework Zewde, ni por el forro. La última de rabiosa actualidad, pese a nuestra ignorancia y cerrazón de ojos.

Políticas, víctimas y activistas, premios Nobel reconocidas. La pasada semana, Sahlework Zewde se convertía en la primera presidenta de Etiopía, tras sus cargos de directora general de la ONU en Nairobi y representante especial de su secretario, António Guterres, ante la Unión Africana.

Asia, África, América… Dicen que los primeros homínidos y hominidas provenimos del continente negro, y que todas y todos estamos cortados con el mismo patrón. “Si alguien piensa que hablo mucho sobre mujeres, que espere a escuchar todo lo que tengo que decir. (…) Cuando no hay paz en el país, las madres se sienten frustradas, por lo que tenemos que trabajar a favor de la paz por el bien de nuestras madres”, declaraba la nueva presidenta Etíope.

La premio Nobel de la Paz Ellen Johnson-Sirleaf fue la primera jefa de Estado en un país africano (Liberia, 2006-2018); la segunda, Joyce Banda, que dirigió el destino de Malaui (2012-2014). Directora de Asuntos Africanos en el Ministerio de Relaciones Exteriores, embajadora en Francia y Yibuti, Sahlework Zewde es consciente de lo mucho que falta por hacer.

El movimiento #Metoo, en África, todavía con menos fuerza todavía que en EE. UU. y Europa, va denunciando los abusos sexuales y el “apartheid profesional” contra muchas mujeres. Y en un descampado de Guediawaye (afueras de Dakar), está La Casa Rosa, único centro especializado para niñas y adolescentes víctimas de violaciones en Senegal. “Muchas veces son los padres, los tíos, los hermanos, la gente que frecuenta su casa quienes las han violado”, asegura su directora.

Pobreza, promiscuidad, creencia de que el hombre puede poseer a la mujer… Los abusos dentro del matrimonio no son delito. En la República Democrática del Congo la violación es un arma de guerra; en Sudáfrica una mujer es violada cada 26 segundos.

Para muchas feministas africanas hay importantes desafíos. Uno de ellos, acabar con la mutilación genital. Mientras tanto, ¿costillicas de Adán?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 9 de noviembre de 2018).

09/11/2018 13:59 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

España y sus nuevos rostros. Un destino común

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Foto Humanizar

Migración, mujer, interculturalidad

España y sus nuevos rostros. Un destino común

Carla, Jeannette, Fátima, Clementina. Cuatro de las miles de mujeres que dejan su tierra para escapar de la falta de recursos y la violencia, construirse un presente digno, reagrupar a sus familias y luchar por sus sueños. Ellas, El Salvador, Marruecos y Nicaragua, nos narran sus porqués y sus metas más íntimas.

María Pilar Martínez Barca

Un punto de partida

¿Qué te trajo a Europa?

“Me trajo mi padre por reagrupación familiar” afirma Fátima, natural de un pequeño pueblo de Marruecos. Carla Calderón, de El Salvador, vendría por “cambiar mi situación económica y personal. Para mi edad, unos 40, allá no hay trabajo”. Su compatriota Jeannette Cabezas alude a la violencia en las calles: “Buscando mejores oportunidades salariales y por el motivo delincuencial que vive el país”. Clementina Romero, nicaragüense, resume las razones esenciales: “Mi situación económica y la de Nicaragua; la falta de empleo. He llegado por trabajo”.

¿Te gusta España?  ¿Qué diferencias ves entre tu país y el nuestro?

“Sí, me gusta mucho –afirma Carla–. Culturalmente, los españoles son más respetuosos (dejan sitio en el autobús a personas que lo necesitan); y socialmente, hay mucha más libertad y seguridad”. Y Jeannette: “Me gustan España y Zaragoza, son muy tranquilos, multiculturales y acoge muy bien a los inmigrantes”. Subraya diferencias: socialmente, más limpieza, los autobuses regulados; mejores niveles salariales, y de educación, más avanzados y a más temprana edad. “Son distintas las culturas, y mucho mejor aquí en lo económico”, asegura Fátima.

Fátima y Clementina coinciden: “Me guata Zaragoza más que otros sitios” –asegura la primera–; “si me gusta España, su gente y su cultura, aunque no es tan diferente a la cultura de mi país. Zaragoza es muy importante para mí, puedo decir que la amo tanto como a Nicaragua y la ciudad en que nací; aquí traje a mis hijas y encontré el amor”.

¿Te ha costado adaptarte?

“Un poco, porque he vendo muy pequeña” (Fátima). Para las migrantes latinas, en general, la integración es más sencilla. Clementina nos cuenta el secreto: “No me ha costado. De hecho, cuando llegas pesa más la carga en el corazón que la maleta; el calor humano que recibes te da fuerza para seguir.

En el mismo barco

¿Algún tipo de rechazo?

“No he percibido de momento ningún tipo de rechazo” –Carla, unos meses en nuestro país–. Y Jeannette: “Por el momento, no he vivido ningún rechazo. Al contrario, me han apoyado mucho, los españoles y personas latinas”. Clementina puntualiza: “España es muy grande y cada comunidad tiene su hábitos. En Zaragoza, me sentí una más; ahora vivo en Cataluña, Tarragona, y si se percibe rechazo. Una vez me enfadé mucho en el autobús, porque un tipo me dijo que debía aprender catalán, que el castellano es una lengua de paletos. “Hay mucho rechazo por el tema de la religión  musulmana para encontrar trabajo”, comenta Fátima.

¿Piensas que las personas migrantes se adaptan a su nuevo país? ¿Siguen con sus costumbres? ¿Las imponen?

            “Procuro acostumbrarme” (Fátima). “Normalmente, nos cuesta adaptarnos a una nueva cultura; pero sería bueno tomar todo lo positivo de cada una de ellas y unirlas, nuestras costumbres y las del nuevo país” (Carla). “Los inmigrantes debemos adaptarnos al lugar que nos acoge. En su mayoría lo hacemos, pero España muestra una diversidad cultural muy rica y hay personas que mantienen sus hábitos. Aunque no se imponen a nadie, se convive con los de tu misma cultura” (Jeannette).

            Clementina puntualiza: “Creo que no todos llegamos a adaptarnos. Tuve una compañera de piso que nunca lo logró, hasta el punto de que fue a Emigración a pedir que la deportasen. En la policía le dijeron que esperara y la llamarían. Ella toda feliz esperó una semana, no la llamaron y todos los días iba a preguntar. Terminó conociendo a todos lo que trabajaban en Emigración. Y sí, algunos intentan imponer sus costumbres; no me parece. Es como que te aloje en mi casa y llegues a imponer tus reglas y querer cambiar mi manera de vivir.

¿Crees que está cambiando Europa con la llegada de tantos extranjeros? ¿Es positivo?

“Sí, está cambiando. Por los comentarios que he escuchado de algunos españoles, se ve negativo”, comenta Carla  “No sé en qué sentido”, duda Jeannette. Clementina apostilla: “Sí, creo que va cambiando. De estadística no sé; pero sí de que cada día por un niño que nace de padres españoles, de emigrante nacen diez, y eso con el tiempo se notará. Sinceramente, soy emigrante, pero no lo veo positivo. En España se pierden ingresos por falta de contratos como es debido. Y está la gente que cobra ayudas del gobierno y luego tiene trabajo en negro. Eso es muy dañino”.

¿Una cuestión política?

“Sí, realmente hasta la política afecta al cambio; eso es perceptible en todos los países, no solo España o Europa” (Carla). “No sé, cada vez se ponen las cosa peor” (Fátima). “La política siempre influye en la inmigración, si se tienen políticas restrictivas se dificulta el acceso para el inmigrante” (Jeannette). “Sí está involucrada la política; ya sabes, esas cosas se mueven con dinero” (Clementina).

Un futuro diverso y compartido

Háblanos de tu familia.

“Mi familia, muy buena. Somos mis padres y cuatro hermanos, el pequeño de 13 años. Y mi marido, tenemos una niña preciosa”, nos cuenta Fátima. Tengo dos hijas, Carla, como yo, y Daniela, de 19 y 12 años. La mayor marcha este curso a estudiar a Rusia, con una beca; son muy inteligentes”.

“Somos una familia que siempre luchó por mantener ingresos –comenta Jeannette–, como comerciantes informales de diversas índoles. Por mejorar mis condiciones económicas y las de mi familia decidí ir a la Universidad. Me gradué y obtuve un empleo en el gobierno, lo que me facilitó la vida. Pero, pese a estar doce años en la misma institución, no hubo ningún incremento salarial ni promoción, lo que me desmotivo y obligó a buscar salidas. Intenté colocarme en otras empresas, cursos e incluso realicé mi post grado, pero las condiciones laborales no mejoran en El Salvador. Decidí dejar mi plaza en el gobierno y aquí estoy, feliz de mi decisión”.

Bueno, cuando vine a España llegué sola, no tenía ni amigos. Y mira, ya ahora tengo marido y una nieta –es Clementina–. ¿Ves que estamos cambiando Europa?”.

¿En qué trabajabas en tu tierra?

“Soy técnico analista programador de sistemas y ejercía como gerente de sucursal de una tienda de ropa” (Carla). “Empleada administrativa en la Dirección de Estadística de El Salvador” (Jeannette). “Del 94 al 99, trabajé como psicóloga infantil; luego lo dejé por mis hijas, para pasar tiempo con ellas, monté una peluquería y una  librería, las ganancias eran pocas“ (Clementina).

Si mejorare la situación de tu país, ¿volverías?

“Sí, volvería”, asegura Fátima. “Políticamente, no creo que mi país mejore”, afirma Carla. “Difícilmente mejorará el nivel político, pero aunque existiera algún cambio, yo no regreso a El Salvador, dado que tomé una decisión que pienso mantener”, nos convence Jeannette. “La situación política en Nicaragua está delicada, y es un tema extenso; no creo que convocando nuevas elecciones resolviera algo. La gente quiere un cambio que el gobierno no le da. Ni la ONU ha podido hacer nada –denuncia Clementina–. ¿Volvería? De visita  o vacaciones. Pero a vivir no”.

¿Qué deseas para tus hijos?

“Una mejor vida mejor que la mía” (Fátima). “Que mis hijas estén en conmigo acá en España” (Carla). “No tengo aún, pero cuando vengan que cuenten con mejores condiciones de vida” (Jeannette).

“Mis hijos son chicos de bien. A veces me sorprendo porque pienso que no he sido buen ejemplo. Pero cuando por la calle encontramos a un sin techo y una de mis hijas entra a un supermercado a comprar víveres para esa persona, veo que van por buen camino. Ahora solo deseo que se terminen una carrera universitaria”, nos confía Clementina.

Tres grandes sueños.

Fátima: “Tener un trabajo fijo para mantener a mi familia; poder visitar la ciudad donde falleció nuestro Profeta; montar un negocio para mis hijos”.

Carla: “Un trabajo estable seguro; traer a mis hijas conmigo; tener una vida tranquila, un trabajo, un piso, un salario”.

Jeannette: “Reunir a mi familia en Zaragoza; obtener la documentación y mejorar mi calidad de vida; visitar mi tierra”.

Clementina: “Que cambie la situación en mi país; que haya más gente, también en el gobierno, que ame a las personas, los animales y el planeta en general. Más humanos”.

 

SUMARIOS

“Cuando llegas, pesa más la carga en el corazón que la maleta”

“Por un niño que nace de padres españoles, de emigrante nacen diez”

“Una mejor vida mejor que la mía, para mis hijos”

 

(Humanizar, Nº 161, Madrid, noviembre-diciembre 2018).

16/11/2018 02:47 pilmarbarca Enlace permanente. Humanizar No hay comentarios. Comentar.

Historia Sagrada

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Foto Roger Navarro/Heraldo

Así se llamaba por entonces a la enseñanza religiosa. Autodidacta en mi propio domicilio, antes de acceder al Bachillerato a través del INBAD, todavía pude ver el rótulo de esa asignatura en los libros de Ingreso de mi padre –últimos cursos de Primaria y primero de Secundaria más o menos de ahora–. Adán y Eva, Caín y Abel, Sansón, David y el gigante Goliat… Algunos de los dibujos que recuerdo.

Antiguo Testamento, pero también los Evangelios, junto a las Tablas de la Ley y las virtudes cristianas. Así es cómo mi madre se ganó en la escuela del pueblo el juego de “Los Pecados Capitales”, tablero La Oca a lo divino. La genética influye tanto como la educación sentimental.

Sin actualizan el Paraíso, ¿cómo saborear la Anunciación de Fra Angélico en las clases de COU de la profesora Rosa Palacios? ¿Y a Vicente Aleixandre en la poesía de posguerra? ¿Cómo entender el Polifemo de Góngora sin habernos metido mínimamente en Las Metamorfosis ovidianas? Verrocchio, Botticelli, Rubens, Giotto, Bernini… o tantos autores medievales, renacentistas, de los Siglos de Oro o del Barroco. ¿Podríamos rozarlos siquiera con la punta del alma o la curiosidad?

Derogación de la Ley Wert, implementar una nueva disciplina: “Valores cívicos y éticos”; quitar las reválidas de final de ciclos… Yo sigo defendiéndome en mis cuentas sin calculadora ni ordenador. La memoria también es importante, junto a la comprensión. Los padres antes que el Estado, y antes los profesores. Si no, los ciberataques y el transhumanismo, del que hablaba Rosa Montero, nos vienen más veloz que un patinete.

Viajamos y los jóvenes no saben explicarse la musculatura ni las barbas de Moisés. Ni los pasos castellanos y andaluces. Ni los ricos abalorios-lágrimas de las vírgenes de Sevilla. O el Cristo tenebrista y bellísimo de Zurbarán.

De La Sagrada Familia a Aránzazu, estamos en peligro de confundir reiki y quiropraxia con milagros, y ver la guerra santa como normal. Latín, romance riojano precastellano y euskera, ¿son óbice para que La Rioja hable vasco? “Háganos Dios omnipotente / hacer tal servicio que / delante de su faz / gozosos seamos” (Glosas Emilianenses). La cultura es acervo espiritual.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 16 de noviembre de 2018).

16/11/2018 15:12 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

La torre de Babel

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Foto Marín Chivite / Heraldo de Aragón, en las elecciones generales de 1933.

En abril de 1931 se celebran las primeras elecciones con sufragio femenino pasivo –podrían ser electas, pero no votar hasta noviembre del 33–. Mujeres y niños acuden a la escuela, por ver qué se cocía. Un papelito blanco, con nombres en una cara, que había que plegar y meter en una caja grande. Ni Francia ni Italia ni Bélgica ni Argentina, tenían todavía sufragio femenino completo.

Clara Campoamor, diputada nacional para las Cortes Constituyentes del 31, y Victoria Kemp, que batalló por aplazar el voto ante la amenaza de los conservadores y la Iglesia, fueron nombres señeros. “Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer (...) No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo”, defendió la Campoamor. Nuestras abuelas, con pañuelo negro a la cabeza, trabajadoras de fábricas y sirvientas del hogar, privilegiadas universitarias, fueron a votar aquel domingo.

El lunes hizo 85 años que la mujer rural, el ama de casa, que apenas podía aparcar sus tareas para ir al colegio, madres que no pudieron elegir entre serlo o no, vieron una ventana abierta a su derecho de expresarse, si no a una dignidad más plena. Sabían del riesgo y de lo que deseaban en su ser femenino más auténtico.

No estaban en absoluto confundidas. ¿Qué libro de la Escuela de la República trataba de la corona catalano aragonesa? ¿Qué maestro de izquierdas aleccionaba sobre bandos enfrentados en Galicia? ¿Qué profesor de Bachiller sobrevaloraba a Salvador Espriu por escribir en su lengua materna con un lazo amarillo en la solapa? Hombres y mujeres castellanos, aragoneses, vascos, andaluces… la dictadura y la transición hubiesen sido más duras sin apellidos mezclados.

Ahora que la paridad llega a la Administración, al Gobierno y al lado más oscuro, la Justicia cae las elecciones son un juego de dados, se falta al respeto con reacciones pueblerinas… Y alguien se saca de la manga que castellano y euskera son lenguas “originarias de La Rioja” –antigua Navarra– y han de ser cooficiales. ¿Cómo entendernos sin un mínimo interés común?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 23 de noviembre de 2018).

23/11/2018 12:45 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Cara y cruz

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Foto La Sexta Noche

Comenzábamos la semana con dos noticias contrapuestas. Por un lado, el Día de la Violencia contra la Mujer –de género, sexista, doméstica, son calificativos que no terminan de cuadrar–. Cuatro aragonesas asesinadas en 2018, otras veintidós víctimas mortales desde 2003; en España, veintiséis en lo que va de año, si contamos la adolescente de Alcorcón. La agresión más difícil de detectar es la psicológica. Y un dato escalofriante, según dijeron: tres de cada cuatro mujeres con discapacidad sufren algún tipo de violencia en sus relaciones.

De otra parte, la Sexta entrevistaba a Isabel Gemio con motivo de su libro, Mi hijo, mi maestro, y del décimo aniversario de la Fundación –presentaban el lunes a los medios–. “Siempre se ha dicho que en España la Cenicienta era la cultura; yo creo que es la ciencia”. Simón, Casimiro, Javier, Raúl, Bernardo. En nuestra juventud, la Distrofia de Duchenne apenas se estudiaba, y la supervivencia de mis compañeros era de veinte y pocos.

“El diagnóstico de mi hijo fue una sentencia de muerte prematura”. El desierto, la nada, empezar de cero, no aceptar ayuda psicológica, no poder verbalizar. No fue fácil. Dejar de jugar al fútbol, de andar, de comer con cubiertos estándar, de abrazarte. “Mi hijo me ha enseñado humildad, amor, entrega, generosidad… Él es un héroe de verdad”.

La buena señora se expresó a su estilo, desde su experiencia de veinte largos años. No salía de tópicos: la diferenciación culpabilizadora entre uno y otro hijo, la rápida madurez del hermano menor. “En el mundo de la discapacidad todo es carísimo: reformar el baño, cualquier adaptación, una silla de 14.000 euros, de 5000 –las de mis colegas eran manuales–. Y no digamos ya si se necesita un cuidador”.

Me daban ganas de gritarle: “Isabel, por favor, actualízate”. Cuando al final rompió una lanza por el sentido común: “La asistencia personal es fundamental, no solo para la familia, sino sobre todo para las madres”. ¿Y para la persona con diversidad funcional? Porque ahí está la clave, de que la relación funcione y la mujer no se hunde en la miseria. De que Gustavo y Diego sean felices: “Mamá, te queremos como nada”. Es el haz y el envés.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 30 de noviembre de 2018).

30/11/2018 02:06 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.


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