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Un pueblo es...

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Foto Jesús Alba Enatarriaga

La tía Adela tocaba la campana que se había salvado al caerse la torre. La Jesusa y el Pablo cuidaban del toro de la villa; mientras la tía Narcisa se sabía romances, refranes y acertijos de más de una centuria. Había matrimonios jóvenes que les aseguraban un tránsito en paz. Mi tío llevaba las tierras del abuelo, que visitaba paseando; y el tío Elías nos dejaba su burra, con la recorrimos todo el término. Aquel verano hizo furia el sinfín, un tubo que subía el grano del remolque a la cámara.

Las calles no estaban asfaltadas ni el agua en las casas, y no había teléfono en kilómetros a la redonda. La escuela había cerrado años antes y los chicos iban a Almazán. Pero la vida hervía y nacían bebés; y junto al Teleclub la tienda de la Brígida abría a diario. Hasta el confitero y su señora hacían las delicias de los peques en la fiesta mayor.

De Cela en Viaje a la Alcarria a El disputado voto del señor Cayo de Delibes, reflejaron el cambio. Mi adolescencia y la de mis hermanos no serían iguales. Matrimonios que volvían al pueblo en los veranos, con sus niñas y niños, que se hacían amigos; o mayores jubilados, después de haber pasado la vida en la ciudad. El panadero, frutero y carnicero pasaban algunos días en semana.

“Viajar por la España vacía es viajar por apellidos de gente conocida. Un desvío en la autopista, una señal en una carretera secundaria, cualquier indicación conduce a pueblos que son apellidos de familias que salieron una vez de allí y no volvieron más”, afirma Sergio del Molino en su ensayo. Y Rafael Navarro de Castro en La tierra desnuda: “¿Somos capaces de conservar las acequias? ¿Somos capaces de sacrificarnos y andar tres horas cargados para arreglar una?”.

Las crónicas de Miguel Moreno y los libros de viaje y novelas Avelino Hernández son bellos testimonios literarios. Conforme avanzaban las cosechadoras y el GPS en los tractores, y se volvía a levantar la torre, desaparecían las personas. “Con una frase no se gana un pueblo / ni con un disfrazarse de poeta, / a un pueblo hay que ganarlo con respeto, / un pueblo es algo más que una maleta / perdida en la estación del tiempo…”, cantaba María Ostiz. Ahora se lo han creído.

Mucho antes del Ainielle de Julio Llamazares, poner remedio. El palacio del Marqués de Velamazán es hoy un espléndido alojamiento rural, sin ir más lejos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 5 de abril de 2019).

04/04/2019 23:37 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Calentamiento político

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Foto EFE Madrid

En Zaragoza estamos habituados. Pasamos del cierzo, la niebla y un frío que pela a los rigores del verano. Dicen que atravesamos una primavera cálida, y, de pronto, otro coletazo invernal. ¿Calentamiento global? Nos afecta a los cuerpos, las mentes, el ecosistema y, con perdón a la fauna y la flora, a la especie política.

Acaba de empezar una campaña que ha de verse partida, quieras que no, por las procesiones de Semana Santa y un paréntesis de relax que todos anhelamos; a menos de un mes vista de las siguientes elecciones y al final de una legislatura que no ha llegado a los nueve meses. ¿De ahí la imprecisión y las contradicciones?

¿Y las candidaturas? Periodistas, toreros, generales… Parece que se atisban dos extremos, a derecha e izquierda, un centro que pretende ser liberal, algún partido bisagra y un supuesto líder que no termina de aclararse. Pero las cosas nunca son lo que parecen.

Defensor a ultranza de la vida: no a la eutanasia, no al aborto, no al islamismo integrista. ¿Para qué el permiso de armas en un estado de derecho? Los viejos anti casta pretenden ser la voz frente a las “cloacas del Estado”, la corrupción, la incoherencia. Y luego, tras obviar sus propias divisiones e inmuebles de lujo, se presentan como los más constitucionalistas, a través de horizontes de colores y diversas garantías sociales.

El centro liberal aglutina en sus filas a herederos del antiguo CDS, cosmopolitas de sangre aristocrática, catedráticas de Derecho. Y mientras apuesta por valores como la dignidad, la vida de los pueblos y la sacratísima libertad, defiende volver a centralizarnos. ¿Termina de mojarse?

Los hay quienes pactan con derechas, por eso de los cómputos y el encaje de bolillos. Sin embargo, su discurso gira en torno a la maternidad subrogada, los derechos de los LGTB, ley de eutanasia antes que ley de paliativos. ¿En qué quedamos? Y hay quien se vende por un plato de “calçots” o una porción de independentismo, con tal de no volver a perder la silla, como en Sevilla, o cambiar de colchón.

Claro que todas las formaciones llevan sellados nombres y formas de mujer: Isabel, Irene, Inés, Cayetana, Edurne. Y hasta quienes muestran apariencia misógina, se dicen dispuestos a apoyar a la mujer en sus momentos más difíciles. Quizá sea pronto, todavía, para echar por tierra la esperanza.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 12 de abril de 2019).

12/04/2019 16:06 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Muerte santa

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Foto https://religion.elconfidencialdigital.com

Entre las leyes autonómicas, la asociación DMD (Derecho a Morir Dignamente) y la RAE, existen diferencias esenciales. Según las dos primeras, ortotanasia o muerte digna es “aquella que se produce con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles”; mientras en el Diccionario de la lengua española el término se define como “muerte natural de un enfermo desahuciado sin someterlo a una prolongación médicamente inútil de su agonía”. ¿Limitación del esfuerzo terapéutico? ¿Eutanasia pasiva? Suicidio, “acción y efecto de suicidarse”; suicidio asistido, “aquel en el que se le proporciona a una persona, de forma intencionada y con conocimiento, los medios necesarios para suicidarse”.

Eutanasia, “actuaciones que producen directa e intencionadamente la muerte de los pacientes y que se realizan en un contexto de sufrimiento debido a una enfermedad incurable”. Sedación paliativa, encarnizamiento terapéutico, enfermo desahuciado o terminal… De un móvil por compasión a un delito de Violencia de Género, tan compleja la praxis y la interpretación legal.

“Fuera del contexto sanitario, no hablamos de eutanasia, sino de homicidio o de ayuda al suicidio”, declaraba recientemente José Carlos Bermejo, director de Centro de Humanización de la Salud. Reconoce que Ángel y María José venían de una larga historia de sufrimiento, y la necesidad urgente de una alfabetización ética.

“Una mujer de Leganés con esclerosis pide una rampa segura para salir a la calle y sus vecinos se la niegan”, leía en la web de Telemadrid. “Querría haber leído qué apoyos humanos tenían María José y Ángel, cuántas horas, si eran suficientes. Si tenían carencia de ayudas técnicas o de adaptación de la vivienda, si habían gastado dinero de su bolsillo…” (Rosa Conca Pérez, activista pro Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad).

Me temo que estamos desviando el debate central. Socialistas y cristianos piden cuidados paliativos, “conjunto coordinado de intervenciones sanitarias dirigidas, desde un enfoque integral, a mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias”. Requieren más paciencia y recursos económicos, más saber convivir con el dolor. A Cristo nadie le ayudó a morir, salvo el Cirineo, y es consuelo de muchos. “No se muere dignamente solo cuando se decide cuándo”, según Bermejo.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 19 de abril de 2019).

18/04/2019 22:31 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

El templo

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Foto www.cope.es

Fue un lunes fatídico. De eso que andas enfrascada en tus tareas y, de pronto, una imagen en televisión. ¿Un nuevo incendio? Pero si es… ¡Estaba ardiendo Notre Dame! El París más bello que teníamos en la retina del alma, la historia europea de un milenio, la cultura cristiana occidental. Del asombro a la angustia existencial, visceral casi. ¿Quizá porque soñaba todavía visitar, junto a la emblemática catedral, el Louvre, la Torre Eiffel, los Campos Elíseos? “Me moriré en París con aguacero” (César Vallejo).

Uno de los monumentos góticos más hermosos, levantado en el centro de la ciudad celta y romana, sobre el templo de Júpiter y la iglesia medieval de Saint-Etienne. Luis VII lo comienza en 1163, factura de dos siglos; testigo de las guerras de hugonotes del XVI, la Ilustración, la coronación de Napoleón en 1804, las revueltas en el XIX o la amenaza nazi en el XX, con las balas silbando entre las columnas. Luces y sombras al través de vidrieras, esbeltas nervaturas y arbotantes, que terminan llevando hacia la luz. “¿Y cómo pudo ser tan hermoso y tan triste?” (Pere Gimferrer).

Y en las redes sociales, esa otra noche oscura de la incomprensión y la ignorancia. “Notre Dame es solo la catedral del arzobispado parisino. Mientras hay tanta muerte, miseria, tantos plásticos que nos envenenan… nos hemos vuelto locos, reconstruyendo unas paredes”. Junto al Sena los cánticos, las plegarias, los ojos puestos en la misericordia de un más allá cercano. “Destruid este santuario y en tres días lo levantaré” (Juan 2, 19). No se tardó ni la mitad.

Y recordé lo que nos inculcaba de pequeños en la parroquia de Begoña Ignacio Cendoya: que el templo no lo forman piedras, sí personas. Quizá por eso el papa Francisco subrayaría en la Vigilia pascual que para descorrer la roca del sepulcro hay que mover las piedras interiores: la de quedarnos en la muerte, el pecado, los hábitos que pesan.

¡Feliz Resurrección! Y, sin embargo, el Domingo de Pascua la muerte de más de 350 inocentes: cristianos orientales, turistas relajándose en un hotel, la pareja feliz pontevedresa. El terror integrista no diferencia. “Ecclesia”, iglesia, asamblea; ¡qué ausente en política! “Por años, disfrutar del error / y de su enmienda, / haber podido hablar, caminar libre, / no existir mutilada, / no entrar o sí en iglesias” (Ida Vitale).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 26 de abril de 2019).

26/04/2019 11:38 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.


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