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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2011.

Recortes mágicos

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¿No hay más regalos? Los niños se acostumbran desde niños a los Reyes y Papá Noel, su cumple, la fiesta del colegio… Después viene la moto, el carné de conducir, su propio coche, la primera vez… Más tarde la hipoteca, el monovolumen familiar, el cuidar no volverte a quedar embarazada, los libros de los críos, los gastos de escalera, la luz, el pan, la leche, la dieta, ir al gimnasio… Tu pequeña parcela de poder.

Recuerdo con nostalgia mis primeros Reyes: dos cubos o pozales de juguete, chiquititos. Luego, un acordeón; o Maribel, mi muñeca favorita. Y aquel año en que Sus Majestades me dejaron, de su puño y letra, tres cartas manuscritas en rojo, azul y verde. ¡Con qué poco crecía tan hondo el paraíso!

Claro, después olvidas todas esas niñerías y te vas sumergiendo en la marabunta. Que si la silla eléctrica, el deseo de ser independiente, la reserva de empleo… La pareja, nuevos compromisos, el cambio de tu propia imagen…

Estado de confort y bienestar, calles más accesibles a los camellos, Papá Noel subiendo a balcones y ventanas. Pero nada es eterno y llega el día temido y esperado. Los bebés ya no traen un cheque bajo el brazo; estar desempleado deja de ser sinónimo de cuatrocientos euros; la aureola blanquísima de las bombillas LED no abarata el precio de la luz.

Es cuando los adultos se ponen a jugar con las tijeras y empiezan a hacer collages –me encantaban de cría-: recortan por el lado de barrios y avenidas y servicios, y pegan lo que falta en los libros del cole, que pagarán los papis otra vez.

Las pensiones no llegan y se estiran, y la célebre Ley de Autonomía Personal y Dependencia ni aparece citada en el Proyecto de Ley de Adaptación Normativa a la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (Boletín Oficial de las Cortes Generales, 17 de diciembre de 2010). Y sí en cambio la igualdad de oportunidades, accesibilidad universal, autonomía del paciente, salud reproductiva, Protección Civil, cooperación internacional… vamos, lo que se lleva.

Mientras tanto, mis sobris me siguen pidiendo más regalos. Y nosotros, ya adultos, continuamos soñando que sople un viento mágico que nos traiga Asistencia Personal y puestos de trabajo para todos. Siempre creí en lo Reyes.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, «Opinión», “El meridiano”, jueves 6 de enero de 2011).

La luz escondida (Una poética de los ángeles)

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Hay una zona oscura en mi epicentro,
un agujero cóncavo que lleva al paraíso
desterrado por siempre de mi infancia.
Una herida cerrada en superficie,
pero que sigue abierta en mi más íntimo cielo,
donde callan los pájaros.
No me quiero morir para la eternidad.
Tengo sed de absoluto y de belleza.
Sin embargo, hay siempre un sin embargo,
una intuición precoz que me anuncia la sombra
más hermosa del mundo,
la estación en penumbra de los acantilados
que parecen abrirse a un vacío de estrellas
y formas y pronombres.
Fugaz vacío solo.
Porque detrás,
                        al fondo,
                                       en la otra orilla
se presiente el edén de los desposeídos,
la luz inaugural de los primeros ángeles
que dejaron de serlo
para nacer de un vientre de mujer.
No me quiero morir.

                             (Pájaros de silencio, inédito).

10/01/2011 02:22 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Toda una vida

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A mis tíos

Vivimos siempre en el mismo edificio, tabique con tabique. Amigos, instituto, la carrera… Casualidad o no, nos fuimos distanciando unas cuantas manzanas. Y tú, tío, seguiste acompañándome a las aulas, un día y otro día, haciéndome recados, narrándonos historias de tu infancia, trasvasándonos amor. Mientras tú, tía, venías a la casa a ayudar, o emprender una labor, mi amiga y confindente, siempre ahí. Con la silla de ruedas automática sería más autónoma, pero no de cariño.

Os hicisteis mayores, y me dolió. Un día no pudisteis subir al autobús. Y os ibais sintiendo más cansados, doloridos, con el peso del tiempo a las espaldas. Empezaste a decir, tan aprensivo, que pronto no andarías. No pude soportar ni siquiera la idea. Era como un reflejo de mí misma, pero un reflejo oscuro, y sin retorno. ¿En quién iba a apoyarme? Y os fuisteis alejando unas manzanas más, todo un barrio, o un mundo. No podía visitar la residencia. Me dolía la vida, como un vértigo.

Después, querida tía, te irías apocando, en una silla, semiciega, en penumbra. Más niña cada vez. Sólo ahora que sé que estaremos ya juntos para siempre, vuelvo a jugar y recrearme con vosotros, como cuando era pequeña. Y les pido a los Reyes que os dejen sus regalos en mi terraza. Como aquel almanaque, del que pasabais hojas, cada santo, con chistes y acertijos. Si algún día os vais antes que yo, allá, a vuestros campos de la infancia, si Dios así lo quiere, seguiréis para siempre en mi interior. Pero aún queda mucho que jugar, estaciones enteras, un largo tiempo.

                                        María Pilar Martínez Barca

(Humanizar, «Desde mi sillón», Nº 56 -Madrid, mayo-junio 2001-).

16/01/2011 01:30 pilmarbarca Enlace permanente. Desde mi sillón No hay comentarios. Comentar.

Cambiar el chip

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Desde mi sillón

Nunca me ha gustado la política. Pero aquello sonaba diferente. “No tenemos por qué depender de la familia o de los cuidados en una residencia”. Siempre me vi distinta, mi pieza no encajaba en ningún puzle: demasiado pequeña en talla y físico, desmesurada en sueños. Mis mayores temían, sólo una adolescente, mis ansias de volar.

He escuchado una noticia por la radio que te puede cambiar la forma de vivir –me anunció mi pareja-. Sus palabras iban reproduciendo mi universo interior.

Después conocería al autor del mensaje. Coincidí en Madrid con Javier Romañach, miembro del Foro de Vida Independiente, tetrapléjico a causa de un accidente que le hizo polvo la columna –una C6, peor que de Ramón Sampedro-. “Nos falta una filosofía, principios y hasta léxico”. ¿Minusválido? ¿Dependiente? ¿Persona con discapacidad? ¿Diverso funcional?

“Por los años cincuenta, en las universidades no había baños de señora. No se necesitaban”. Sabía de su vida a través de Internet, la radio y Las cerezas, el espacio nocturno ¿o trasnochado? de Julia Otero. Pero conocer a alguien cara a cara cambia el rumbo.

No hablaba de capacidades, sino de dignidad, igualdad y derechos para todos. “Toda revolución auténtica tiene dos fases: primera individual, después social”.

¿De qué iba todo aquello? “Algunos se han buscado piso, tú también puedes”. Empecé a interiorizar. Rodamos en lugar de caminar, nos comunicamos a través de signos, aprendemos de manera diversa… pero nadie es mayor ni más pequeño.

Estudiando, moviéndonos, creando asociación con otros compañeros, he sabido cómo en Estocolmo casi no hay residencias. Al Estado le sale más rentable la opción domiciliaria. “Algunos de los nuestros no saldrán nunca del armario, pero la opción es libre y personal”. ¿El término correcto? Sólo sé que ya no me siento diferente.

                                        María Pilar Martínez Barca

 

A nuestro alcance

Teatro para todos

Ana es inquieta y soñadora. Tres compañías de teatro, su familia, la playa, su lucha por derribar barreras. Los niños la ven como una compi.

M. P. M.

“Soy directora teatral. En Almagro tiene mucho peso, la Diputación nos subvenciona”. Lleva un grupo de personas mayores, algunas con alzhéimer; les da vida. “Con el de matrimonios no paramos, vamos representando de aquí para allá; cobramos un precio simbólico”. Su pasión, los pequeños.

            “Son graciosísimos. Estoy realizando una labor útil”. Ana Díaz Montero es también profesora en una escuela dramática infantil, de 2 a 12 años. –Seño, ¿tienes otra silla? –Sí, ¿por qué? –Para papá, ha tenido un accidente.

            “Me siento en el suelo, desmontamos la silla, les enseño”. –¿Y por qué nuestros padres  no nos cuentan las cosas como tú? No la ven diferente. “Lo mío es enfermedad, pero mi sobrinita se preocupó con lo del coche: ¡Anda, que si tía Ana se nos queda coja!”.

            “Su conciencia social es increíble”. Toda la clase fue a ver a Fofito. “Después vino otro circo con escaleras, y un chaval se encaró al director: Señor, usted no tiene corazón. Los discapacitados no pueden divertirse”.

            Entre ensayo a ensayo, Ana y su hermano Antonio, la misma enfermedad, siguen reivindicando: “Un bordillo, una calle, un ascensor…”. Adora a su familia, el mar, donde nos conocimos, y su próximo sueño: “Nos están adaptando la vivienda. El Ayuntamiento ha puesto un sevicio de comida a domicilio y una lavandería”. El buen teatro es universal.

 

Más corazón

Con alas en los pies

Licenciada en Geografía por la Universidad de La Laguna (Tenerife), documentalista en el Archivo Municipal, escritora… María Pino Brumberg acaba de editar “Con alas en los pies” (Ed. Idea).

Amor, alegría, dolor, impotencia, esperanza… y sentido del humor en cada página. Un amplio arco iris cuando a los 13 años te diagnostican ataxia de Friedreich, etiquetada como enfermedad rara. Del bastón al andador y la silla de ruedas, pasando por la experiencia de pareja, el pase de modelos o el parapente. No se renuncia a nada.

Tampoco es quedarse en el sentimiento. Uno de los mayores atractivos, la denuncia social. Lo más duro, el entorno, las barreras mentales, los espacios vedados, la exclusión. Y un hermoso deseo para adultos y jóvenes: “Que todos caminemos y seamos iguales”, siempre desde el respeto a la diferencia.

Contacto: marpinobr@hotmail.com. Página web: www.ataxiacanarias.com.

M. P. M.

(Humanizar, «La fuerza de los límites», Nº 114 -Madrid, enero-febrero 2011-).

16/01/2011 02:33 pilmarbarca Enlace permanente. La fuerza de los límites No hay comentarios. Comentar.

María Blasco Gamarra, un nombre propio

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Novela etnológica en Bosquejando recuerdos. Poesía con sabor lorquiano en Canciones del alma. Relato de aventuras infantil en El Castillo de Albanza. Escribir por encima de todo.
M. P. M.
Licenciada en Filología Hispánica y diplomada en Estudios Vascos. Humanidades, Literatura, Historia; le apasionan los niños y escribir para ellos. Cautiva su sonrisa
 “Soy una soñadora empedernida”. Son sueños colectivos, muy reales. “En uno de mis paseos por el pueblo, fui consciente del cambio que había experimentado Larrasoaña –en su Navarra natal-. Me entristeció que los niños de ahora no conociesen la tienda la Nieves, por ejemplo”. Su primera novela, una biografía del siglo XX.
 “Nunca me he centrado en la discapacidad”. Su evolución social se plasma en sus escritos, como otras tantas cosas. Canciones del alma es un recopilatorio de poemas escritos hace años por la autora; veta clásica, aunque de verso libre y un ritmo personal. El libro se acompaña de un CD con las voces de artistas y deportistas famosos, y las ilustraciones de Marisa Ortega, célebre pintora bilbaína.
 “Este año, los padres de Fran, un chico de 11 años que habitualmente veranea en la playa, deciden viajar a Albanza: un pueblo perdido del interior donde viven sus abuelos y donde jamás ha estado”. El Castillo de Albanza se publicará D. m. en 2011.
 María convive desde niña con la ataxia de Friedreich; comparte residencia con su hermano mayor. Adora a su sobrino. La encontraréis en Facebook, y en www.mariablasco.com.es.

Cortina de humo

Por mí, mejor; no fumo. El humo me bloquea las palabras. Pero no es la cuestión. ¿Poner puertas al campo? ¿Quién me puede imponer, más allá de la moda y sus tendencias, la forma de vestir? ¿Y el alcohol? ¿Y el dióxido de carbono de los coches, fábricas, calefacción…? Que los niños aprendan a dibujar casitas sin nariz o chimenea, y se prohíba al polen causarnos más alergias de aquí en adelante. Es por decreto ley.

Una nueva cultura. Pasar página al puro de Groucho Marx; las mil y una escenas seductoras de Clark Gable, Joan Crawford o Bette Davis en el ya trasnochado cine del siglo XX; las tertulias del Café Gijón. ¿Un Sherlock Holmes sin pipa o Lorca en Nueva York sin cieno ni palomas negras? Fumar dejó de ser sinónimo de equilibrio, madurez, inteligencia. "A partir de cierto momento mi historia se confunde con la historia de mis cigarrillos" (Julio Ramón Ribeyro), políticamente incorrecto. Puede que El último fumador, pintura de Luis Caro, pase a ser subastado de aquí a nada.

“Los cigarros son los dedos del tiempo que se convierten en ceniza”, escribió Ramón Gómez de la Serna en una de sus curiosas greguerías. No siempre. La imagen de mi tío liando el cigarrillo, el menudo tabaco de petaca sobre el papel finísimo del librillo asido entre los dedos, enrollado con mimo, se me quedó grabada como parte intimísima de mi educación sentimental. Lo dijo Mallarmé: “Toda el alma resumida / cuando lenta la consumo / entre cada rueda de humo / en otra rueda abolida”.

¿Cómo pudo ser símbolo de emancipación e igualdad femenina? Si ya tan sólo el humo que desprende no nos permite ver cara a cara a nuestro vecino de tertulia. Claro que lo contrario, irse por la tangente y cortar por lo sano un hábito de siglos, pudiera levantar una cortina de humo que nos vele la propia realidad. La crisis, la subida de precios, el desempleo en alza, la incoherencia interna, esa sensación de laberinto… ¿Un nuevo opio del pueblo que debe erradicarse?

No fumo, me hace toser, no le encuentro sabor. Pero nunca los humos llegaron a subírseme, y coincido con Cortázar: “No hay sustancias más letales que esas que se cuelan por cualquier parte, que se respiran sin saberlo, en las palabras o en el amor o en la amistad”

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, «Opinión», “El meridiano”, martes 25 de enero de 2011).

26/01/2011 01:46 pilmarbarca Enlace permanente. Articulos No hay comentarios. Comentar.


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