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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2021.

Fernando Ferreró

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Foto Heraldo

Poesía intelectual, elegante, pura, que entronca con la de Pedro Salinas, Juan Ramón Jiménez o Jorge Guillén. Ya en sus primeros poemarios –Acerca de lo oscuro (1959) y Hacia tu llanto ahogado (1960), que se refundirán en 1982 en el volumen titulado De la cuestión y el gesto– se nos muestra lo peculiar de su obra. Según Rosendo Tello, “F. Ferrero se adentra por cauces más intelectualistas y puros, (…) con poemas de corte mentalista y alejados de toda estridencia expresiva” (“Frente al espejo de Niké”, OPI-Niké. Cultura y arte independientes en una época difícil).

Preparaba mi tesina cuando el poeta comenzó a regalarme sus exquisitos libros, recortes de prensa o cartas escritas a Manuel Pinillos, desde Benicarló o Alfaro, donde ejercía como profesor; con saludos a Margarita y a su sobrina Maribel, y en las que siempre nombraba a su amada Pilar Novales.

El nuestro fue un encuentro epistolar. Mi padre se encargaba de recoger los materiales en su casa. Fui metiéndome en su mundo. Sin prisa en editar, La densidad implícita y El texto mínimo (1988), Perfiles (1988), El paisaje continuo (1989), Falacia (1992), Ácromos (1994). En 2002 reseñaba en prensa su Revisión propectiva –tan amigo del juego de palabras–: “Ser capaz de sentir es don universal. Al poeta, además, se le ha otorgado el verbo”. Se reiteraba en sus temas primordiales: el don de conocer el mundo y su esencia, y el dolor, contenido en cada arruga. “Un río serpentea / hacia lo interminable”.

En Secuencias y escenarios (2007) continúa, en el mismo paisaje, hacia la desnudez y el símbolo. En Variaciones sobre un contexto inestable (2011) leemos: “Turbulencia del barro en las hojas tardías”. Y  en Memoria (2013): “El escrito se oxida / en el húmedo lago / del recuerdo”.

En Cadencia (2015), dedicado “Como siempre, a Pilar”, parece vislumbrarse una cierta oscuridad, el ocaso de la vida. “Desearía vivir más. Estoy satisfecho de la vida”. Gracias a su Obra completa –colección Larumbe, de las PUZ– y de sus pinturas y esculturas, recogidas dos de ellas en la exposición “Iluminaciones. Imágenes, objetos y palabras en la estela de Niké” del Paraninfo, Fernando Ferreró se ha quedado en nosotros.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 4 de julio de 2021).

17/07/2021 00:14 pilmarbarca Enlace permanente. La columna dominical No hay comentarios. Comentar.

La nueva floración

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Foto cartel Fiestas del Pilar 2021 - Heraldo

Sobre gustos no hay nada escrito, si bien es cierto que todo depende del cristal con que se mira. El refranero sirvió al amigo Sancho para aconsejar a su amo Don Quijote y nos sigue sirviendo hoy, en esta recta final de la pandemia.

Todo comenzó con la plantación de tulipanes; y después el encuentro “Zgz florece”, en el parque José Antonio Labordeta, con cientos de flores formando originales esculturas, música, libros, gastronomía, cultura popular… y zaragozanos, muchos zaragozanos, cuando todavía eran obligatorias las mascarillas en la calle. Ahora, la enorme estructura de petunias, begonias y lantanas, en forma Virgen del Pilar, columna y emblema de nuestra ciudad. ¿Qué mejor broche de oro que el cartel “Un camino de flores”, para los esperados pilares 2021?

“Es un única flor, que representa el símbolo más importante de las fiestas, la ofrende de flores. Y en esa única flor van apareciendo diferentes detalles. Una imagen muy icónica, también pensando en las distintas aplicaciones que tiene el Pilar. A nivel compositivo, hemos trabajdo superponiendo capas de papel. Queríamos hacer una imagen alegre, y en ningún momento discutimos nada de mascarillas. Es como pospandemia total”. Así presentaban su Inés Marco y Miguel Frago, diseñadores y creativos, autores del cartel ganador, en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento.

Una flor de mil pétalos de colores: las gentes, el camino, árboles, fuentes, monumentos, las torres del Pilar. Un espacio de espacios y actuaciones diversas, tradicionales y nuevas. Y al frente, una pareja sin mascarilla, mirándose, compartiendo, a punto de besarse, bailando jota. Me gusta contemplar, perderme en los recovecos de una obra de arte.

El actual equipo de gobierno del Ayuntamiento apuesta por las flores y la belleza, por una ciudad más amable y accesible. Y el Bosque de los Zaragozanos, con 700.000 árboles de aquí a poco. Por el Bálsamo de Fierabrás, como dirían los personajes cervantinos, que lo lograrán.

¿Cortina de humo de flores, que oculte la falta de cultura con mayúsculas? Se preguntará más de uno. Solo sé que el colorido ayuda a salir de una crisis, de salud, económica o depresiva. También las flores.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 11 de julio de 2021).

17/07/2021 00:33 pilmarbarca Enlace permanente. La columna dominical No hay comentarios. Comentar.

Entre dos mares

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Foto Jesús Alba Enatarriaga

De la pequeña Venecia, en Valencia, a la castellonense gruta de Vall de Uxó, pasamos unos días paradisíacos de vacaciones inter covid. No faltó la Albufera de Vicente Blasco Ibáñez, con sus cañas y barros, sus moricos, pájaros de ese ecosistema, o su paseo en barca al atardecer. Ni la tierra interior de Lorca u Orihuela: “No puedo olvidar / que no tengo alas, / que no tengo mar…” (Miguel Hernández). Del Mediterráneo al Mar Menor hay solo unos metros. Toda una vida.

Estuvimos en La Manga hará unos veinte años, una Constitución con Fundación DFA. Casi a los 30, menos mal que el albergue – apatahotel tenía aire acondicionado. El submarino de Isaac Peral, en Cartagena, estaba todavía a la intemperie; no recuerdo a Alfonso XIII en ese banco del paseo marítimo, despidiéndose de su querida España. En el teatro romano nadie llevaba mascarilla; ni tan siquiera el Icue, o niño pescador.

Y el poniente se puso en la playita del hotel, y marchamos a otro mar, el Mediterráneo valenciano. Los postes de la luz remembraban mi infancia, los naranjos, el encuentro con mi tía y madrina, Angelines, y noches a la fresca con los vecinos de aquellas parcelitas, con una habitación con derecho a cocina, y los gitanos que hacían canastillos de mimbre –me regalaron uno–. No quería volver.

Los modernos hoteles, los rascacielos, la Ciudad de las Artes y las Ciencias –con su Hemisférico y su Oceanográfico, la ballena y el barco, sus museos, palacios y puentes–, no dejan vislumbrar los mágicos pendientes de la reina de junto a las barracas. No cogimos el antiguo tranvía, como Manuel Vicent, pero en coche pudimos acceder a la nueva Malvarrosa: de una parte, los chiringuitos discoteca con jóvenes incautos, sin mascarillas; de la otra, las inmensas arenas de su playa, el Puerto, con sus tinglados, sus muelles comerciales y el Edificio del Reloj. Y hacia El Cabañal y Nazaret –antiguo lazareto que salvó de la peste a muchos marineros allá por el XVI–, las casas de principios del XX, con azulejos y grandes puertas de madera, a las que salían las vecinas en sus sillas de anea.

Horchata en Alboraya, paella de mariscos en el Pinedo. Y la amistad de años. Y la sal de la vida.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 18 de julio de 2021).

18/07/2021 19:17 pilmarbarca Enlace permanente. La columna dominical No hay comentarios. Comentar.

Crónicas de un pueblo

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Archivos RTVE

¿Fue el verano que hice la Comunión? El 17 de junio, un mes después se estrenaba la serie. Aún tengo su melodía en los oídos. Braulio el cartero con su “y digo yo”, D. Antonio el maestro y Rosa su mujer, D. Marcelino el cura, el alcalde D. Pedro, Dionisio el conductor de autobús, Marta la boticaria, Goyo el alguacil… Un tiempo en la España rural no se había vaciado, y Puebla Nueva del Rey Sancho –Santorcaz, Madrid– tenía bar, comercio, Guardia Civil, médico y barrendero. No le faltaba nada en aquella época.

No tanto en el buen tiempo, entre el pueblo y la playa; en cuanto vino el frío nos juntábamos toda la familia. Los tíos subían a nuestra casa, mis padres, mi segundo hermano en la cuna… el pequeño no había nacido todavía. Y enganchaba. ¿Sería que teníamos muy adentro el adobe, la encina y la hornada de pan?

Una España migrante del campo a la ciudad. Una etapa oscura, en la que los gerifaltes de turno intentaron promocionar las bondades del régimen político. Pero las tornas se volvieron, la realidad se impone a la ficción. Con la frescura de Juanito, Manolo, Angelito, María y los otros niños, y el conjunto del pueblo, empiezan a salir problemas, alegrías y realidades sociales de la Castilla profunda de hace cincuenta años.

Doña Domitila, la anciana casi ciega que vive de las tres mil pesetas mensuales de su nieto. El niño dinamitero, huérfano de madre y al cargo de un padre analfabeto. El bar de Joaquín, que precintan por falta de baños o sanitarios. El drama por el robo de dos gallinas… Todo con el trasfondo de una economía agrícola y ganadera, de incipientes servicios y muy lento despegue.

Primera producción televisiva de Antonio Mercero, que puede parecernos lejana prehistoria de la emancipación de la mujer. En 1974 participaba ya mi hermano con sus juegos, y poco a poco, en capítulos como “El último alfarero”, “El abuelo” o “La casa de los viejos escudos”, nos vamos abriendo a una nueva mentalidad, cercanos al final del túnel.

No pongamos etiquetas ni apellidos. Lo social siempre estuvo presente. “Verano azul” o “Farmacia de guardia” remedaban su espíritu, pero no preservaron aquel aroma agreste de la infancia.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", 25 de julio de 2021).

26/07/2021 00:33 pilmarbarca Enlace permanente. La columna dominical No hay comentarios. Comentar.


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