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Vivíamos en paz

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Foto Heraldo / Agencias

Nuestros abuelos nos hablaban de la Guerra Civil y la dura posguerra, de la Segunda Guerra Mundial,  de cómo su padre le contó de cuando estuvo en Marruecos. Eran casi leyendas y materia de relato que habíamos heredado de los mayores.

Las Malvinas, los Balcanes, Siria, Afganistán… Aberrantes historias que la televisión nos haría cercanas, todavía en el tránsito de la era analógica a las redes sociales y los whatsapps. Éramos más o menos poderosos, acomodados, hijos de una Europa que superó la Guerra Fría, y sentó las bases de una moral cristiana que no había que seguir al pie de la letra. Hasta pudimos estudiar y sacar nuestras propias conclusiones.

Comenzamos a acoger a personas inmigrantes. No podíamos creernos el tiroteo en plena calle en Nicaragua, las guerrillas en El Salvador, la penuria intelectual en Cuba, la repentina hambruna y las cárceles en Venezuela. Como los campos nazis o el gulag soviético, seguían haciéndosenos lejanos.

Resilientes, superamos los atentados de ETA, los de la estación de Atocha, Barcelona. Veíamos el final de la pandemia y, con los debidos test, volvimos a reunirnos en familia por Navidad. Íbamos casi recuperando la vieja normalidad, con muchas ganas de celebrar, cara a la primavera. Y el 24 de febrero se nos paró la vida.

Amenazas, tanques en la frontera, bombardeos mientras dormíamos. De nuevo el confinamiento, el toque de queda, las calles totalmente vaciadas. Y esta vez la muerte no venía de un virus respiratorio, que se te metía en los pulmones y te iba comiendo cada órgano, igual que a Prometeo el hígado. Ahora la muerte tenía forma humana, ojos que vigilaban, pies que perseguían atroces, manos que disparaban un misil.

El enemigo era tu propio hermano, tu vecino de siempre, transformado en monstruo por comecocos políticos o por presión. Y empezamos a tener pesadillas: Europa otra raptada y violada por Zeus, lapidada, el bigote de Hitler tras de nosotros, no tendríamos más exámenes ni trabajos precarios. Había que ir a la guerra.

Tecleo esto en la noche y no hay explosiones, ni resplandor de incendios. Nuestro país está en paz, todavía. ¿Y la amenaza nuclear? Ojalá nunca llegue a ningún puerto.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 6 de marzo de 2022).

05/03/2022 23:37 pilmarbarca Enlace permanente. La columna dominical No hay comentarios. Comentar.

Héroe de no ficción

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Foto www.elperiodico.com / Agencias

Una imagen vale más que mil palabras. Si intentásemos describir lo que puede expresar un simple gesto, no tendríamos espacio en todos los diccionarios y enciclopedias digitales de la tierra. Se abre el telón: una larga mesa y a uno y otro extremo Vladimir Putin y su primer ministro. En otra escena, Volodimir Zelenski pasándole el brazo por los hombros a su hombre de confianza. Dos cosmovisiones antípodas de la vida y la muerte.

Los Titiriteros de Binéfar, el payaso Marcelino, Teatro Arbolé. El Capitán Garfio, los zares rusos, los grandes dictadores de la Historia. Y, sin salir de casa, Madre Rafols o Agustina y las heroínas de Zaragoza frente a Bonaparte, escenificación que recreamos estos días. Un cómico de tres al cuarto, intérprete de la seria televisiva “Servidor de su pueblo” –en el papel ficticio de presidente de Ucrania–; frente a un espía de la KGB, cabeza de la guerra chechena, que llega a mandatario y a soñar con la reconquista del imperio ruso.

La tierra literalmente partida en dos por una fina línea fronteriza. Si no fuera por el desprecio de un país en lucha sin cuartel por la independencia, el propio idioma y la dignidad. Si obviásemos tanta sangre inocente por el capricho de una ideología trasnochada. La Z del Zorro, de nuestros juegos infantiles, zigzaguea en el aire, en las explosiones, en el humo que sume en la miseria a dos países y amenaza a un continente entero.

No es un juego de niños. ¿De veras los hijos de las tinieblas son más astutos? Daría para un tratado psicoanalítico y psicopatológico. Se habla de Lenin o Hitler, asesino de su propia familia y suicidado en un búnker. Mientras otros se comparan con Churchill, artífice de la paz en una Europa en guerra.

Escuchaba la “Canción del esposo soldado”, de Miguel Hernández: “Espejo de mi carne, sustento de mis alas, / te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. / Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, / ansiado por el plomo”. Y leía el relato “Un rey escucha”, de Ítalo Calvino: “Esperar el momento en que serás depuesto, en que tendrás que despedirte del trono, del cetro, de la corona y de tu cabeza”.

¿Ser o no ser? ¿O mantenerse en pie para sobrevivir?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 13 de marzo de 2022).

12/03/2022 01:33 pilmarbarca Enlace permanente. La columna dominical No hay comentarios. Comentar.

Entrevista a Javier Sada Beltrán

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Foto David Marqueta

Javier Sada Beltrán, presidente de las Cortes de Aragón

Medicina y política tratan de evitar el sufrimiento inútil

Comenzó en la política de casualidad, como una necesidad casi espontánea en el barrio que le vio crecer. Como médico, ha dirigido diversas instituciones, atento a los enfermos crónicos, mentales, los grandes dependientes, los ancianos… Nada es ajeno a su atención.

María Pilar Martínez Barca

José Javier Sada Beltrán nació el 2 de abril de 1956 en Zaragoza. Casado y padre de una hija. Licenciado en Medicina, director de un balneario, gerente del Hospital Provincial de Zaragoza, director del Área de Bienestar Social de la DPZ y del Centro Psiquiátrico de Calatayud.

Alcalde de Ateca (Zaragoza, 1991-2011), portavoz socialista en la Comarca de la Comunidad de Calatayud (1999-2003), diputado en las Cortes de Aragón (VI legislatura, desde 2003), actual presidente de la Cámara en la X Legislatura, desde 2019.

Siempre es grato reencontrarse con Javier. Nuestras madres, amigas desde su más temprana juventud. Nos brinda esta preciosa entrevista, robando tiempo a sus múltiples ocupaciones.

Un niño de barrio

¿Cómo empezó en la política?

En el barrio donde pasé mi juventud era imposible no vivir la política. La política como dedicación la comencé casi por casualidad, al presentarme a la Alcaldía de mi pueblo, Ateca. A partir de ahí, llegó todo lo demás.

¿Cómo recuerda el barrio del Picarral en Zaragoza?

En la infancia, como una vida en la calle, casi como en un pueblo. Cuando fui haciéndome mayor, viendo las diferencias y carencias que había en el barrio, que despertaron mi necesidad de reivindicación.

¿Le preocupa la España vaciada?

No me gusta el término “España vaciada”. ¿Acaso eran mejores pueblos como Terrer (Zaragoza), llenos de gente, pero en los que apenas podían comer unos pocos? Por eso se fue mi padre de Terrer. El problema hay que abordarlo desde las necesidades que tiene el medio rural, y es un problema complejo, pero no nuevo. Está claro que los servicios en el medio rural, desde la democracia, han mejorado. Gran parte de esas mejoras se deben a la labor de los alcaldes y alcaldesas de estos municipios. Son verdaderos conocedores de las necesidades de sus pueblos. Por cierto, yo vivo en un pueblo, Ateca, y se vive muy bien.

Manolo y Elvira, sus padres.

Construyeron su vida sobre la base de mejorar la de sus hijos. Dedicación pleno y esfuerzo para que pudiésemos tener un mejor futuro.

¿Qué le impulsó a estudiar Medicina?

La vocación. Hay dos profesiones que, si se hacen con dedicación y honestidad, son las más bonitas del mundo: la medicina y la política. He tenido la suerte de dedicarme a las dos.

Balneario de Jaraba, Hospital Provincial, Psiquiátrico de Calatayud…

Cada etapa me aportó cosas diferentes. La primera, la recuerdo con añoranza por ser el primer sitio donde ejercí. La segunda, me aportó mucho, sobre todo desde el punto de vista profesional. Y la tercera, desde el punto de vista humano, me permitía todos los días hablar con las pacientes ingresadas (todas mujeres). Era muy gratificante.

¿Cómo estamos de salud los españoles?

Los índices dicen que muy bien, pero con preocupación por algunos cambios en los hábitos de vida, y por las consecuencias de una pandemia mundial tan larga.

¿Y nuestros políticos?

Los políticos son el reflejo de la sociedad en todos los aspectos, y en este también.

Médico de vocación

Director del Área de Bienestar Social de la DPZ, alcalde de Ateca, portavoz del Grupo Socialista en las Cortes de Aragón y presidente de las mismas. ¿Su labor más gratificante?

Sin duda, lo más gratificante, pero también lo más duro, es ser alcalde de tu pueblo.

¿Seguimos excesivamente centralizados?

Para nada. Estamos en un estado que casi se podía denominar federal. El problema no es tanto la centralización, sino la financiación, para asegurar calidad en los servicios que se prestan en Aragón.

¿Se nos trata como a otras autonomías?

Las peculiaridades de Aragón, envejecimiento, dispersión, extensión geográfica… requieren una financiación adaptada a esas circunstancias. Si eso ocurre, podemos decir que sí se trata a Aragón igual.

¿Cómo es nuestra atención sanitaria?

Tenemos una sanidad excelente. En cuanto a los enfermos crónicos, se ha avanzado mucho, pero es uno de los problemas en los que más tenemos que mejorar y actualizar la asistencia sanitaria. La forma de avanzar es la financiación, para poder destinarle más recursos.

¿Hemos gestionado bien la pandemia?

A posteriori, tendremos que sacar conclusiones para mejorar la asistencia en circunstancias parecidas, pero tal y como han ido sucediendo las cosas yo creo que se ha abordado razonablemente bien, gracias a un sistema sanitario y unos profesionales de primer nivel y entregados. Incluso la coordinación entre las comunidades autónomas ha funcionado relativamente bien. Dicho esto, hay que analizarlo, cuando esto termine, para ver en qué aspectos se puede mejorar en circunstancias similares, que seguro habrá.

¿Cómo estamos en salud mental?

Es uno de los grandes déficits en la atención sanitaria. Algo que forma parte de nuestra realidad cotidiana y de las prioridades que debemos abordar, incrementado a raíz de la pandemia. Es un tema que debemos tratar sin dilación y sin escatimar esfuerzos, para lo que  se necesitará mayores recursos.

Dependencia. ¿Contamos con suficientes recursos en Aragón?

Nunca es suficiente, y más cuando durante años la financiación que le tocaba poner al Estado ha ido disminuyendo progresivamente. En los dos últimos años se ha cambiado esa tendencia, pero todavía es insuficiente para abordar este pilar fundamental del estado de bienestar. De seis años acá, se ha visto incrementado el número de dependientes asistidos. Aun así, debe haber una apuesta clara del Gobierno central en cuanto a aumentar los recursos, para dar respuesta a este problema.

El Día de Aragón de 2021 se concedió la Medalla de las Cortes a nuestros mayores. ¿Cómo mejorar su asistencia?

En la línea seguida en los últimos años: primero, con una atención primaria que mejore la atención a crónicos; segundo, con una asistencia, durante el mayor tiempo posible, en su entorno familiar. Y, por último, cuando no hay más remedio, mediante instalaciones residenciales lo más parecido al entorno familiar.

Política de primera necesidad

¿Qué tal en Educación?

La educación es la única forma de ascensor social. Es fundamental. No hay duda de que comparada con la de hace veinte años es infinitivamente de más calidad. Baste decir que, en el medio rural, hace treinta años, a partir de los 14 cada uno se tenía que buscar la vida y, ahora, se garantiza hasta los 18. Pero sigue siendo tarea pendiente un pacto por la educación, para salvarla de los vaivenes políticos.

Se intenta que la participación de los aragoneses llegue a su Parlamento…

Sí, a través de muchas formas. Desde la posibilidad de comparecer, de aportar iniciativas o, simplemente de preguntar. Es fundamental que los ciudadanos participen cada vez más en la vida del Parlamento. Es obligación de los y las diputados/as tener el máximo contacto con sus votantes.

¿Qué opina de la Ley Orgánica de regulación de la eutanasia?

Siempre y cuando se haga con todas las garantías y controles, evitar un dolor y sufrimiento excesivo e innecesario creo que tiene que estar entre los derechos de los ciudadanos. No se trata de una solución a la enfermedad sin cura, sino al sufrimiento innecesario.

La Aljafería, sede de las Cortes de Aragón, es uno de los espacios artístico culturales más bellos de nuestro entorno. ¿Cómo revalorizarlo tras la pandemia?

Es el monumento civil más visitado de Aragón. Estamos en un proceso de adaptación a las nuevas tecnologías, para que cualquier persona pueda realizar una visita completa con su móvil. La Aljafería tiene tanto que enseñar que estamos empezando a programar visitas especializadas, nocturnas, para disfrutar de este edificio único.

¿A qué dedica su tiempo libre?

A lo que dedica mucha gente: a disfrutar de la familia y de los amigos, del paisaje en el medio rural, la lectura y mi gran pasión, el fútbol.

¿Tiene libros en su mesilla de noche?

Hace mucho tiempo que no porque soy incapaz de leer más de diez líneas a la hora de dormir. Prefiero leer durante el día, cuando puedo.

¿Cómo humanizar la política?

Incrementando el contacto entre políticos y ciudadanos, cosa que, sobre todo en el medio rural, se da de forma constante. Sin duda, es el aspecto en el que más hay que incidir. Los políticos no dejan de ser un reflejo fiel de la sociedad y, por lo que conozco, en Aragón y en este Parlamento procuran estar en contacto directo con sus vecinos.

SUMARIOS

“En el barrio era imposible no vivir la política”

“Tenemos una sanidad excelente”

“Los políticos son un reflejo fiel de la sociedad”

(Humanizar, Nº 181 -Madrid, marzo-abril 2022-).

12/03/2022 23:47 pilmarbarca Enlace permanente. Humanizar No hay comentarios. Comentar.

Diario de una noche

Me llamaban María sin miedo. Ahora sí lo tengo. Aquel Erasmus iba a cambiar mi vida, lo intuí desde el principio. Y así fue.

Yakiv rompió mi corazón. Seguimos escribiéndonos durante meses, había feeling. Pero la distancia, las diferencias, la falta de raigambre común…

Volví años después ya como periodista. Ucrania, sus gentes, sus paisajes, me atrajeron siempre. También Yakiv, para qué mentir.

Me fue bien, no me arrepiento. Una tensión latente desde lo de Crimea, pero bien. Volvimos a una vieja amistad, a entablar relaciones. Nadie nunca como él me había hecho el amor. Fuimos casi felices.

Me mandaron a cubrir las primeras noches, y fue a la décima… Desde entonces este oscuro cubil, agua, pan duro, y cada noche…

Hoy no se han oído bombardeos. Ni han entrado con sus metralletas ni sus falos. ¿Va a venir a rescatarme como a las princesas de los viejos cuentos que cada noche, al acotarme, me contaba papá?

20/03/2022 22:03 pilmarbarca Enlace permanente. Cuentos No hay comentarios. Comentar.

¿Dónde las bibliotecas?

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Foto www.pinterest.com

Nos aterran los atentados civiles de Kiev, Járkov, Mariupol, Odesa… Los bombardeos indiscriminados, la huida a sótanos y al metro, la toma de televisiones y centrales nucleares, la migración de millones de familias, una triste maleta abandonada en medio de cuerpos destrozados, la masacre en hospitales materno infantiles, tantos crímenes de guerra. ¿Un alivio que no hayan derruido todavía el monasterio de las Cuevas o la catedral de Santa Sofía, el Teatro de la Ópera de Kiev, la Filarmónica Nacional de  Ucrania o los museos?

En la guerra de Siria se destruyeron multitud de estatuas de la antigua Palmira, los Templos de Baalshamin y Bel, varias tumbas, el Arco Monumental… Parece que la mítica Biblioteca de Alejandría (siglo III a. C., período helenístico del Antiguo Egipto) no fue violentamente devastada por un incendio, sino por un largo proceso de purga de intelectuales y bibliotecarios; no llegó a nuestros días. Sí su herencia helenística, arquetipo de biblioteca universal, vaso de barro, emblema de fragilidad y de supervivencia.

Resaltaba Rosa Montero el ejemplo de la biblioteca, sin techumbre, del Blitz londinense (terribles bombardeos nazis, septiembre 1940 – mayo 1941). En la foto, tres figuras siguen buscando libros entre las ruinas de cuarenta mil cadáveres y un millón de edificios. ¿Huida del horror? Mejor continuación de esa cadena de dignidad que heredamos y tenemos el deber de transmitir.

La vida humana es siempre sagrada; pero también esa vida interior que reflejan los libros, la cultura. Podrán quemar mi cuerpo, no arrebatarme el alma. Imaginemos el peor de los escenarios: cientos de cabezas nucleares, armas biológicas, el apocalipsis. ¿Dónde guardar los libros?

Hablaban de un material indestructible en el que migrar nuestra sabiduría a otro planeta. Catástrofes, epidemias y guerras hubo siempre: “Es, además, un libro de viajes. Una ruta con escalas en los campos de batalla de Alejandro y en la Villa de los Papiros bajo la erupción del Vesubio…” (Irene Vallejo, El infinito en un junco).

La Plaza Roja o el Monasterio Novodévichy, en Moscú, son también Patrimonio de la Humanidad. Pervivamos en ellos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 20 de marzo de 2022).

20/03/2022 22:33 pilmarbarca Enlace permanente. La columna dominical No hay comentarios. Comentar.

Empatía

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Foto Imane Rachidi / Heraldo

Me duelen los huidos de la guerra de Siria, que pese a todo hallaron entre nosotros un hogar. Me cuestionan las mujeres y hombres venezolanos, que de un nivel de vida aceptable pasaron a la cárcel, la miseria o la emigración. ¿Y tantos niños y jóvenes marroquíes muertos en el intento? Imposible olvidar a todas las afganas ultrajadas, violadas, asesinadas bajo el régimen talibán.

Cientos, miles, millones. La guerra ruso ucraniana ha batido récords. Son muchos los que quedan y resisten: soldados y civiles defendiendo el país, madres que velan por los huérfanos, enfermos y discapacitados que no pueden escapar ni refugiarse en sótanos. Y los que huyen, hacinados durante días y semanas en un centro comercial o un teatro, a expensas de la covid o de las bombas. Con mucha suerte, algunos hallan un lugar seguro. ¿Por cuánto tiempo?

Ministerios, ONGs, asociaciones de inmigrantes… Es insuficiente. Autobuses y furgonetas a Polonia que los traen a Zaragoza, Calatayud, Utrillas… Impacta el silencio de los niños, la mirada perdida de los viejos. Los móviles que no dan respuesta. ¿Qué habrá sido de los padres, amigos, familiares?

¿Le perseguía a James la desgracia? Murió en un tiroteo en la cola del pan. Su esposa, Iryna, enferma de esclerosis múltiple, necesitaba tratamiento, y los pacientes del hospital de Chernígov algo de comida. La paralímpica ucraniana Olena Lurkovska, parapléjica, logra huir del horror con sus hijos mellizos, un pie roto y dos gatos. Otros tienen familia española.

Vitaliy fue un niño de Chernobyl, adoptado gracias a la Asociación de Ayuda a la Infancia por unos padres oscenses; ahora viaja a la frontera con Polonia en rescate de su hermano biológico y su familia. La odisea más difícil y hermosa de sus vidas. Y Natalia, huérfana de Chernobyl y sin pasado, que venía también todos los años por verano y Navidad, y encontró la plenitud en el amor del esposo y de la hija. Ahora ellas aquí, él en la guerra, enseñando a coger un fusil a adolescentes. Su enfermedad cardiaca es lo de menos.

¿Habré madurado en empatía? “Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”. ¿O es que vemos encima la espada de Damocles nuclear?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 27 de marzo de 2022).

27/03/2022 20:55 pilmarbarca Enlace permanente. La columna dominical No hay comentarios. Comentar.


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