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El eterno retorno a la inocencia

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Me desperté sudando, estremeciéndome. ¡Qué vértigo! Lucía. Recordé su carita nada más despertar, su rostro rellenito con su media melena y su risa cristalina de cascada, entre inocente y pícara. Lucía, siempre juntas en clase, en el recreo, en las fiestas y excursiones. Aunque luego… ¿fue aquel chico?, no recuerdo su nombre ni sus gestos, pero sí una vaga idea… ¿Fue por él? ¿Nos gustaba a las dos? El despertar sexual, el primer despertar, es también como salir de un sueño, como la mariposa que abandona la sábana de su otro yo pasado y lo deja tirado, olvidado, para siempre. ¿Había feeling?

¡Qué feliz duerme ahí, junto a mi cama, sin estas pesadillas que me hacen presagiar cada nueva jornada! Mi compañera fiel, mi secretaria, mi asistenta personal. Petra, Patri… Qué rabia, siempre en blanco a las mañanas, hasta que vuelvo a aprender su nombre en la libreta. Pero Lucía no, se me ha hecho diáfana esta noche en el sueño. Como un relámpago que vino a deslumbrarme, como un escalofrío en el centro de la médula. Quizá Mario, mi ya viejo psiquiatra (no tanto por el tiempo, ¡qué mentira!, sino por tanto aguante), que conste que he mirado a los apuntes, no ande totalmente descaminado cuando dice que esta amnesia mía no se debe a tóxico alguno, sino a un trauma o herida de mi más tierna infancia. Quizá tenga razón. Porque a Lucía la he visto tan alegre como entonces, tan viva, tan radiante en el no tiempo feliz de nuestro cole. Pero no, no así exactamente. Que en su ceño fruncido aleteaba una sombra de augurio que presagia algo nefasto. ¡Qué calor! Lucía me tiraba de la mano, me llevaba… ¿Y el puente? No pude recordarlo ni siquiera en el sueño, no existía en la infancia ni en mi vida anterior. Luego Petri, al pasar dentro de él, me explicó que lo hicieron hace sólo un par de años con esto de la Expo en Zaragoza. Me llevaba, avanzábamos… ¡Lucía! ¡Nooooooooooooo!

–Recuerda, lo tienes apuntado –me ha refrescado Petri-: Lucía te llamó para que viniésemos a visitarla. Sigue siendo una de tus amigas más amigas.

He apretado el diminuto osito de peluche que cuelga de la anilla de mi bolso. ¡Lucía! Pero no había prisa esta mañana. Antes de coger el autobús que nos llevaría a Zaragoza, he podido repasar, entre viejas libretas, el sueño de aquel año. ¡Qué calor! Principios de verano, como ahora. Pero hacía mucha niebla, como si fuese invierno, y cierzo, mucho cierzo. ¿Una tormenta? Las formas de la calle, árboles o farolas o personas, se adivinaban más que se veían. ¡Qué oscuridad atroz en mitad de la tarde! Y, sin embargo, la presentí, la vi, se me quedó grabada hasta la noche siguiente, cuando aquella llamada telefónica:

–No te asustes, mi vida –era mi madre-. Lucía, tu amiguica del colegio, ha llamado su mamá… Ha tenido un accidente. ¡Cómo sudaba!

¡Se cayó por el puente! ¿Pero cómo? ¡Y yo lo había soñado! Seis largos meses, seis meses de hospital, seis meses de reposo y de coma absoluto, unas horas tan sólo para olvidarme por completo de Lucía. Pero, igual que a ella, me quedaría abierta una vía directa al corazón. Intuía, sabía, vislumbraba que aquello había sido un accidente. Nada más.

Hasta esa otra noche, y el relámpago me despertó de pronto, ¿o me metió más dentro de mi sueño? Y los ojos risueños, picarones, abiertos como platos de Lucía. –Dicen que ha despertado, me lo ha dicho su madre-. Las primeras nevadas en los árboles.

Fui a verla ese mismo día. Seguía residiendo todavía en Madrid, bueno, en el hospital, en su mundo interior. ¡Lucía! No pudo responderme. Pero sí contemplarme, de arriba para abajo y de fuera hacia dentro. Si parecía… sus ojos reflejaron por un instante el reflujo de los míos, celeste y azabache. Y entonces comprendí, como un relámpago. ¿Sergio? No había sido él. Lucía desde siempre me atraía.

Fueron duros los días, las semanas, los meses, ella sin voz, yo sin recuerdo. Sólo un leve vislumbre, algún gesto, un velo que te impide asomarte a la ventana. Había quedado inmóvil, una c7, y para transmitirnos su alegría, a veces su sombra, utilizaba un comunicador. Una letra tras otra, palabra tras palabra, sentimientos, belleza. Comenzaría a amar la poesía, y yo los bocadillos de tortilla de patata, allí en el bar del hospital –todo está registrado en mis cuadernos-. Cada día pinchazos, pruebas clínicas, ejercicios de brazos, tronco y piernas, logopeda, gimnasia. Después nos separamos, otra vez. Ella se fue a Toledo; yo a mi empresa, mis sueños, mis números bursátiles, mis olvidos. Nos escribíamos, guardo también las cartas. Y una noche soñé que mi pez favorito recitaba poemas, hermosos e intimísimos. Era la voz de Lucía en el relámpago.

–Casandra, porfa, ¿así todavía? Perderemos el bus –Petri, siempre puntual, cumplidora, perfecta.

Me vestí a toda prisa los vaqueros y la camiseta del león, de fauces y melena de colores, por la niña, sobre ese fondo negro que tanto me cautiva desde siempre, según intuyo. Pies para qué os quiero, salimos casi en vuelo a la parada de taxis, la estación de autobuses, el reencuentro. ¿Sería el mismo rostro que en el sueño de esta noche pasada? ¿La reconocería? Cosa extraña, el Ebro iba crecido pese a las primeras huellas del calor. Buen augurio.

–¡Sandra! ¡Si estás mejor que nunca! ¡Qué alegría!

–¡Lucía! ¿Eres tú?

Pudimos abrazarnos. ¡Qué alegría! Los pequeños detalles son la salsa, el néctar de la vida. Porque, se me olvidaba, mi amiga se enamoró en Toledo, de su fisio, fue recobrando fuerzas e ilusión, y un día decidieron venirse a Zaragoza por el trabajo de Óscar. Siempre me he preguntado cómo será el amor, las relaciones físicas, cuándo sólo responde el corazón. Bueno, y los recuerdos. ¿Y la maternidad? ¿Y el placer? Aunque me lo explicasen mañana volvería a preguntármelo. Han adoptado a Katya, una chinita preciosa.

–Vamos a ver a Katya, es su fiesta fin de curso. Le he prometido estar acompañándola. Óscar vendrá a comer.

Casualmente, la obrita de teatro era una selva con muchos animales: leones, cocodrilos, elefantes… y también dinosaurios. ¿A qué me recordaba? ¿Quizá también nosotras, aquel final de curso…? Pero no estoy segura. La niña disfrutaba en su papel de jirafa, tan esbelta y graciosa. ¡Era igual que Lucía!

El cole y el restaurante estaban junto a un parque, verde y nuevo, con acacias, ailantos y palmeras. Creo que justo al lado estuvo la Expo. Y allí, en una terraza, mientras venía Óscar, tomamos unas cocas. ¡Qué riquísimas! Y luego, en la comida, por supuesto paella, y un helado. Y la luz, mucha luz en las miradas, y en los detalles nimios, y en el ángulo último de los recuerdos. Se les siente felices, han logrado ese difícil equilibrio entre los límites y la más inocente plenitud.

Ahora, mientras cenan mis peces y poco a poco el sueño me cierra las ventanas e ilumina el misterio de un tiempo que aún no es, voy tomando apuntes de este día tan bello, de una pequeña vuelta al paraíso, como escribió Lucía en alguno de sus libros. Pero ya se van difuminando los rincones, los detalles, los nombres; sólo queda la esencia. ¡Lo que son los olvidos!

María Pilar Martínez Barca

(La quinta-esencia de Albada, Zaragoza, Libros Certeza, 2015. V Certamen de Relatos Cortos Tertulia Albada).

01/06/2015 13:08 pilmarbarca Enlace permanente. Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Canción de cuna

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Me he sentado a tomar la primavera

apenas comenzada, aquí, en el cuarto

que un día, ya muy pronto, será tuyo.

Difícil resumirte, niña mía,

qué siento en este instante.

Han sido tantos meses, tanta espera

transformándome en vida el corazón,

que ahora, sin quererlo, te acaricio,

aquí, bajo la piel que nos separa.

Está ya preparada tu ropita:

jerséis, pantaloncitos, dos pijamas,

un faldón de paseo, los patucos.

Ayer compré el osito de las orejas rosa.

Llegarás a esta luna en la estación más bella,

cuando las hojas brillan por el sol que traspasa

el corazón del mundo,

y el aire es un arrullo tibio y suave.

Te has movido un poquito, entresoñando

salir hacia esta brisa de crepúsculo

que caldea la piel y la esperanza.

Y me siento, hija mía, entre dos sendas,

la que anduve sin ti y esta ribera

que nace con tu vida, con tu voz,

o esa forma tan tuya de modelar el mundo,

ahora ya, en mi vientre.

La sombra ha ido cubriendo, blandamente,

la cuna, la canasta, los peluches,

los cálidos rincones de tu cuarto.

La espera ha sido larga. En el otoño

aún no te sabía. Lentas noches,

oscura incertidumbre, y la esperanza

de dormirte, algún día, entre mis brazos,

tan bella, tan gordita, tan oliendo

a cuerpecito frágil, tan graciosa.

Hace ya primavera, y reconforta

esta íntima brisa de crepúsculo

caldeando mi piel, tu casa, el sueño.

Han sido largos meses. No es posible

recordar, uno a uno, los instantes

en los que fui queriéndote, presintiendo

este río interior que nos enlaza.

Me he sentado a tomar este rescoldo

de vida, de ternura, de presagios

fecundos y hermosísimos.

Compraba hoy un babero, y la camisa

del pícaro gusano en la manzana.

Está todo dispuesto. Bien llegada.

Hace luna creciente, y se ilumina

tu cuarto de un color suave, entrañable,

y me voy reposando, dormeciendo,

traspasando el umbral de tu venida

a la estación ya plena de las lluvias.

Bien nacida, hija mía, a esta esfera

de tierra y luz, de aurora y horizonte.

Tienes toda una vida, todo un sueño

hecho carne, y estrellas, y esperanza.

(Habitando el Olvido. Cuentos y Poemas, Cuaderno Literario N.º 22, Iniesta –Cueca–, 2015. Segundo premio XXIV Certamen Literario Villa de Iniesta de Poesía).

01/06/2015 13:12 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Sin frenos

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Foto: www.asociacionsolcom.org

“Estoy cansada de vivir”. El mensaje es el mismo por whatsapp que por teléfono o por carta. El “ser o no ser” de Hamlet cobra tintes dramáticos cuando lo escribe un adolescente. “Lo pasó muy mal el día en que uno de ellos le convirtió en objetivo de un violento juego escolar que ellos llamaban chante. Ese “juego” sirvió para darle 15 puñetazos. Un chico de 15 años, de Sevilla. “Un día le robaron un móvil de 400 euros. El chico pidió que se lo devolvieran, pero solo recibió como respuesta rostros de risa”.

Quienes tenemos hijos o sobrinos no las tenemos todas con nosotros, y más si son de buen carácter o estudiosos. La mayor parte del acoso entra por la red, según la policía, pero no solo. El caso de la chica del IES Ciudad de Jaén, en Madrid, nos puso el vello como escarpias. Con una discapacidad física e intelectual, alucina con qué facilidad se echan balones fuera. Según la consejera, “el director del centro ha incumplido el protocolo, al conocer el caso previamente y no haber elevado la denuncia a la Dirección de Área Territorial o a la Inspección Educativa”. Según el director, “el centro se ha volcado en esta alumna, se ha atendido a su diversidad”.

“O me pagas 50 euros o te pego”. Ante las amenazas de su compañero acosador, se puso a trabajar para personas mayores. No era la única acosada, pero los 16 años de la joven no equivalían emocionalmente a más de 10, y no daba el parámetro darwiniano de la teoría de la supervivencia.

Por supuesto, se culpa a los brutales recortes educativos en Madrid. En Aragón, la atención a la diversidad se ha reducido más del 15% en estos últimos años: alumnos en edad adulta, castellano para extranjeros, actividades extraescolares, de comedor, menos horas de asesoría… Creo que fue antes cuando un chico de un instituto de Calatayud no superó sus temas de drogas y extraños deseos de felicidad.

SOLCOM (Asociación para la Solidaridad Comunitaria de las Personas con Diversidad Funcional y la Inclusión Social) ha sacado el Decálogo por el Derecho a la Educación Inclusiva: “La escolarización ha de garantizar siempre el acceso a centros ordinarios con los apoyos y los ajustes razonables necesarios, cuando se trate de personas con necesidades educativas especiales” (punto 5). Ojalá los pactos lo hagan realidad.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragon, "Tribuna", "Con DNI", viernes 5 de junio de 2015).

05/06/2015 02:08 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Reino Playmobil

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Foto:tectonicablog.com

Azules, rojos, morados, chocolate, naranja, gris o verde. Los hay de todos los colores. Y ahora que la cromoterapia –o colorterapia– parece estar de moda, seguro que tiene su sentido.

El rojo, según dicen, es el color de la fuerza, de la vida y la sangre, el más enraizado en la tierra. El morado es más espiritual, mucho más relajante; para ambientes íntimos. El azul, como el verde, entra en la escala trascendente, de la comunicación a la esperanza. Marrones o achocolatados y naranjas van más unidos al rojo. ¿Dónde queda el gris?

Me refería a esos personajillos, los Playmobil, que tantas veces regalé a mis hermanos –no tanto a mis sobrinos, que ahora con la tablet y el smartphone se entretienen más–. Había de todos los colores, oficios y mareas: de la marea blanca y de la verde, amarilla, naranja… y con sus accesorios, silbatos incluidos. Desde reyes o príncipes, soldados y futbolistas a bomberos –qué bien vendrían ahora para apagar los primeros incendios y las tormentas que se avecinan–; o albañiles, mucho antes de la burbuja inmobiliarias. Después crearían las enfermeras, en una sociedad todavía sexista.

Y luego tenían su castillo, su casita con garaje y jardín, su rancho americano, su embarcación, su caballo, su moto… y hasta algún portal de Belén que veía las pasadas navidades –no sé si quedarán–. No recuerdo si entre esos muñequitos de pequeña estatura había algún político. Juraría que no, porque entre el juego de estos no encaja muy bien la teoría de conjuntos ni la terapia del color. Por ejemplo, el azul debería conjuntar con morado y verde; los colores terrosos, con el rojo, anaranjado y gris. ¿Será que se olvidaron las matemáticas y el sentido y bien común?

El azul aparece desterrado del mapa. Y los demás colores parecen conspirar unos con otros, como en una de aquellas travesuras de la Bruja Avería. Mientras el naranja hace de bisagra en las puertas del castillo misterioso. ¿Azul con rojo? ¿Pero rojo con morado? La Historia se escribe muchas veces con renglones torcidos.

Cuando lean esto, ¿habrán jugado bien el blanquiazul y el rojiblanco? Horst Brandstätter, el “señor Playmobil”, lo miraría con ojos de niño emprendedor.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 12 de junio de 2015).

12/06/2015 02:02 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

El verso luminoso y circular

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POESÍA. FERNANDO FERRERÓ, EL PATRIARCA DE LAS LETRAS ARAGONESAS, PIBLICA CADENCIA.

Poesía aragonesa, Cadencia, Fernando Ferreró, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, Colección La Gruta de las Palabras, 2015, 50 páginas.

A Fernando Ferreró (Zaragoza, 1927) se le ha definido como poeta intelectual, elegante, puro; entroncado de la generación del 27 a la del 40. En su primer poemario, Acerca de lo oscuro (1959), refundido en 1982 en De la cuestión y el gesto –junto a Hacia tu llanto ahogado (1960)–, se encerraba ya toda su semilla.

De sus padres, maestros, le vendría la savia de Ortega y Gasset y María de Maeztu. La Guerra le dejó sus cicatrices, transfiguradas en lírica. San Cayetano, el colegio Santo Tomás de Aquino o el Café Niké, amigos para la memoria –los Labordeta o Ildefonso-Manuel Gil–. Salamanca, sus años fecundos de estudiante. Benicarló y Alfaro, donde es profesor de Lengua y Literatura, el mar, sabrosas cartas con Manuel Pinillos o el amor a Pilar, la fiel esposa y compañera. De sus viajes a Europa, experiencia y saber.

“Pero mi carrera literaria empezó de verdad en La densidad implícita (1988), que se completó con El texto mínimo y Perfiles (1988) y El paisaje continuo (1989). Entonces ya conocía bien a los expresionistas alemanes como Paul Celan. Estaba más al día, y vaciaba lo que estaba dentro de mí”, refiere en una entrevista a Antón Castro.

De Falacia y Ácromos, a Variaciones sobre un contexto inestable y Memoria, el amor, la forma, la esencia, el engaño, el tiempo. “Mis libros se van organizando mediante fragmentos con un sentido claro en la estructura. Y en la obra plástica me ocurre algo semejante: encuentro cosas, utilizo fragmentos acabados e independientes y los voy uniendo en un todo”, nos comenta.

Esa misma unidad continúa en Cadencia, círculo que se cierra y permanece. Así en la dedicatoria: “Como siempre, a Pilar”. Se inicia con un verso contundente, epigramático: “No comprendo el escrito / que llena el mundo” (pág. 9). El desconocimiento conlleva equilibrio; destierro junto a paz interior, de una luz no habitual: “Caminar junto al agua. / Sentirse azul bajo la tela / de un cielo que ilumina la tarde. / Mirar al interior de la esfera / o a lo íntimo que vive exaltado. / Este, pienso, es mi oficio (pág. 12).

Desde fuera, vislumbro una leve diferencia respecto a otros libros: la oscuridad, el ocaso de la vida –que se iban ya esbozando–; pero desde la calma de quien ha vivido la más hermosa plenitud. El “suave gris del alba”, “olores de humo”… el poeta sigue dibujando bellísimas sinestesias que enlazan con el todo.

“La inmóvil estructura se baña / en los ocultos pensamientos / que fluyen con el alba” (pág. 40). Y otro verso significativo: “Actitud reflexiva / del pensador entre sucesos / inquietantes” –pese a los tranvías incisivos”– (pág. 15). El nuevo pensador del siglo XXI.

“Al tender el espíritu / sobre la realidad contigua / entramos en la esencia / de la vida” (pág. 21). Paradójicamente, se busca la caverna, el acto inicial del intelecto (pág. 27). Es como si nos encontrásemos ante un ensayo lírico sobre la oscuridad, no solo metafórica, más clarividente y luminosa, directa y comprometida con el ser que en los primeros libros del poeta.

Y vuelve a encenderse la llama primigenia: “Terribles fuegos hacen / la aparición desesperada / sobre las páginas vacías. / Convulsión del espacio / desierto” (pág. 20). Lírica de lo cotidiano a flor de corazón: “Florecen al teléfono / malvas y largos tallos / que vienen de otra parte. / […] / El poeta aguardaba / un suceso ordinario / para hacerlo retórico” (pág. 22).

Sin embargo, es consciente de sus “Versos cerrados, / fruto para el esfuerzo” (pág. 24) –casi al modo del Paraíso de Soto de Rojas–. Antes las palabras significaban; ahora “Las paredes que habito / cubren de soledad su relato” (pág. 30). Y a la vez “Todo parece que emana / de mis ojos y surge / un mundo apaciguado” (pág. 36).

Fernando Ferreró se reconoce, auténtico como nunca: “Atardecer en los rincones / de mi cuerpo. Se queja / la forma articulada. / Te rodean siluetas / de inciertos pasajeros. / Olor a sombra oscura” (pág. 37). Y se escucha a sí mismo en íntima cadencia heptasilábica: “Escapa del dominio / del invierno que viene / […] / Refúgiate en la dicha / de acudir a lugares tranquilos” (pág. 39).

Los modelos de su estructura lírica –Bécquer, Juan Ramón, Jorge Guillén, Eugenio Montale– quedaron superados. Ha llegado a su círculo perfecto: “Vuelve al verso inicial / ‘adivina tu nombre’” (pág. 25).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Artes y Letras", jueves 18 de junio de 2015).

19/06/2015 13:29 pilmarbarca Enlace permanente. Articulos No hay comentarios. Comentar.

Bastón de caminante

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Foto: https://verbiclara.wordpress.com

El mejor alcalde, el pueblo, parafraseando la comedia de Lope de Vega, El mejor alcalde, el Rey (1620). Tiempos de Alfonso VII de León, siglo XII: Sancho, un hidalgo pobre, se casa con Elvira; Don Tello, padrino y aristócrata, abusa de la recién casada. Agravios que se pagan con la muerte por decreto real.

Hoy la honra, en su cuarta acepción de la RAE –‘pudor, honestidad y recatos de las mujeres’–, no nos dice nada. ¿Pero el honor social de madres o alcaldesas? La dignidad de mujeres y hombres nunca pasa de moda. Ni el poder colectivo, frente a los abusos de unos pocos y las eternas corruptelas. Ya en Fuenteovejuna (1613), nos enseñaba Lope: “Ya veis que en Fuenteovejuna / hay gente humilde, y alguna / no enseñada en escuadrones, / sino en campos y labranzas”.

Y en la segunda parte del Quijote –El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615), cap. 45–, nos encontramos a Sancho Panza en su Ínsula Barataria, entre Pedrola y Alcalá de Ebro: “Es costumbre antigua en esta ínsula, señor gobernador, que el que viene a tomar posesión desta famosa ínsula está obligado a responder a una pregunta que se le hiciere que sea algo intricada y dificultosa, de cuya respuesta el pueblo toma y toca el pulso del ingenio de su nuevo gobernador”. Su primer dictamen como juez, que las gsnancias de las caperuzas no fuesen para el labrador ni para el sastre, sino para los presos.

Pero con la Iglesia y sus antídotos hemos topado, hermano Sancho. En El alcalde de Zalamea (1636), escribe Calderón de la Barca: “–¿Sabéis que estáis obligado / a sufrir, por ser quien sois, / estas cargas? –Con mi hacienda; / pero con mi fama, no; / […] / … el honor / es patrimonio del alma, / y el alma sólo es de Dios”. ¿Puede entenderse hoy?

Puede más Dalila que Sansón –la belleza laica y profana que el misterio– (Jueces, 13-16). Me contaban mis padres cómo Salomón (965-928 a C.) supo que la madre era la mujer que no quiso sacrificar al niño (Reyes I, 3, 16-28). Y olvidamos que el bastón de Santa Teresa, que estos días visitaba Zaragoza, no es bastón de mando; sino de compañera de camino.

Que nuestros gobernantes repasen a algún clásico. ¿Será mucho poder?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 19 de junio de 2015).

19/06/2015 13:59 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Fin de curso caliente

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Foto: www.ediciona.com

Mi sobrino mayor disfruta de un campamento de Inglés por tierras catalanas. En septiembre comenzará ya tercero de ESO, mientras su hermano hará el primer curso en el instituto. Parece que fue ayer cuando jugábamos a aprender los colores y al Veo veo… ¿Llegarán a estrenar eso que llaman LOMCE?

Yo no entiendo de leyes. Solo pido que sigan tan despiertos: “Papá, ¿qué es la corrupción?”. Que muestren su interés por el posible ascenso esta próxima temporada del Real Zaragoza; por los nuevos partidos en el poder; por la última catástrofe que sale en la tele o los niños que lo pasan mal. Que sepan a la vez de la ecuación que tiende al infinito y de las paradojas de la vida ordinaria.

Tan jóvenes todavía, cuentan con una docta experiencia en diversidad humana: de raza y creencias, en el cole; de discapacidad, en la familia. Y saben que su tía no estudió en la escuela, sino con unos libros de Bachiller Elemental del yayo, y después la EGB. El formato y los nombres no importan tanto si hay pasión de aprender.

A nosotros –un grupito de diversos funcionales–nos examinaban profesores externos, cuando el Certificado de Estudios Primarios y el Graduado Escolar. Entonces no teníamos Biología, Geología, Economía ni se habían inventado los portátiles.

Pero basta de la tía Cebolleta; lo importante son ellos. ¿Comprenderán las palabras de Francisco?: “La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto el derecho a la propiedad privada”. ¿Y ese power que circula en la Red? No a los crucifijos, reflejo de entrega y solidaridad; sí a los cristos, como obras de arte autonómicas, de Salvado Dalí, El Greco, Zurbarán o Velázquez.

¿Jugarán a las diferencias? Apuesta por la equidad, “que garantice la igualdad de oportunidades para el pleno desarrollo de la personalidad a través de la educación, la inclusión educativa” (LOE, art. 1 b). “De acuerdo con la Estrategia Europea sobre Discapacidad 2010-2020, […] esta mejora en los niveles de educación debe dirigirse también a las personas con discapacidad” (LOMCE, punto V del preámbulo).

Ojalá mi sobrino menor, de siete meses, disfrute de la obra de Antonio Machado, Espriu, Aresti o Castelao. Será signo de cambio.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 26 de junio de 2015).

26/06/2015 01:36 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.


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