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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2010.

Aviones de papel

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Todos los hemos hecho alguna vez, sobre todo cuando nos aburríamos en el cole. Una cuartilla plegada, en diagonal; y luego las aletas. Hasta cuando volar no era cosa habitual para todos los niños. Aunque a mí me gustaba más hacer pajaritas y barcos y sombreros, y casitas de sobres con tejado.

Un amigo escritor, Alfredo Mozas, siente predilección por la papiroflexia y la escritura. ¿Alguna relación? Puede que sea el viaje interior, del vuelo hacia la pluma o viceversa; o el querer conocer más allá de la edad de los papiros. ¿Qué caminos secretos nos conducen?

“La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura”, reflexionaba en público Vargas Llosa en su recibimiento del Novel. También a mis hermanos les gustaba leer y los aviones, hasta irse creando su universo interior. Y no digamos ya a los peques de la casa, mis sobrinos, que han degustado ya en varias ocasiones el placer de volar.

Pero no el otro día, que como Mario iban a Estocolmo. Y lo malo no es la espera, o bajar hasta dos veces del avión. Ni siquiera carecer de cama, alimento o dinero, como otros muchos niños. Despegar por motivos de salud rozaría lo grave, esa frontera oscura que nos lleva a los límites. Pero existe algo más.

“He podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero”, repetía el flamante Nobel en su “Elogio a la lectura y la ficción”.

Y da miedo. Da pavor que quieran controlarnos el sueño de echar alas, trazar puentes, volar. Que los lectores jóvenes no conozcan a Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann… “Miedo a la libertad”, de Erich Fromm, no el otro miedo. “Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad”, insiste Vargas Llosa. ¿Podemos imaginarnos un futuro sin alas?

                                 María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, «Opinión», “Día a día”, miércoles 15 de diciembre de 2010).

Óleo de Eva Santos.

18/12/2010 02:38 pilmarbarca Enlace permanente. Articulos No hay comentarios. Comentar.

Ribera de la aurora

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La cueva era sencilla:

ni tan siquiera un ánfora

                          donde guardar el vino,

las pajas de un pesebre te servían de estera.

Un varón te velaba,

y una joven

            curvada hacia su luz más íntima

te mecía con manos silenciosas. 

Prendada para siempre a tu ternura,

aquellos que escucharon de mi boca

la hermosa profecía

                    quedaron como absortos,

tu madre sonreía allá en su centro.

 

Te dejé como ofrenda cuanto entonces tenía:

un pedazo de pan

                 y esa flor de las nieves

que en el monte creciera.

Había en el ambiente algo sagrado.

 

                         (Flor de agua).

 

Imagen: Iglesia de los Pastores, Belén.

25/12/2010 02:48 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

La buena muerte

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“Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”. O también, “muerte sin sufrimiento físico”. La tía Emilia tiene noventa y ocho años y vive en el pueblo todavía, donde siempre habitó; así lo han decidido sus cinco hijos para verla feliz. La Elvira y la Elena van y vienen, de Madrid, su lugar de residencia, a la meseta castellana, para cuidar de Madre; y el Julián continúa ocupándose del campo.

Me llegué a visitarlas, como cada verano. “Le estoy cortando el pelo. Mira, se me queda dormida”. Elvira ha sido maestra, hoy jubilada, y cuida de la madre con la misma paciencia con la que intentaría modelar el espíritu de niños y chavales; con la santa constancia con la que sus padres la criaron. “Mi padre estuvo en la guerra, en Teruel, casi lo matan. Lo dejaron marchar el día de Santa Elvira, de ahí mi nombre”.

Emilia tuvo siempre una memoria ejemplar, se acordaba de todo. ¿Cuándo nació el Fulgencio? ¿Cómo se llamaba aquel pastor que vivía junto a la Torre Ciega? ¿Y aquel año que desaparecieron los tres dicen que rojos, y el otro, de derechas? En lo más íntimo se fue sedimentando una memoria histórica, colectiva, y los recuerdos de alcoba para adentro. Las ovejas, los partos, el botijo y las cántaras que llevaba a la fuente, los bailes de la plaza, las campanas y después la candela que velaban a los muertos.

“Madre, ¿quiere que la acueste ya en el nido?”. Se cayó hace un año y no es la misma, ha perdido mucho, apenas oye. “Es como una niña”. Hay días que no quiere comer.               

Nos falta tiempo, siempre con el tiempo a vueltas. La escolarización desde los cero años ya casi nadie la cuestiona. ¿Y los mayores? Las mujeres trabajan; España continúa a la cola de la OCDE en asistencia personal; la Ley de Dependencia o la ayuda a domicilio dan para dos o tres horas dianas. “Mamá, te hemos traído aquí porque para ti va a ser lo mejor”, la consolaba el hijo, en un cuarto sin vistas ni memoria de una de las mejores residencias. Otra anciana tarareaba coplas aprendidas de moza, allá en el pueblo.

Testamento vital y últimas voluntades, todo un derecho. Cuando lo haga, escribiré en mayúsculas: Que me dejen morir como he vivido, con mis seres amados, en presencia o recuerdo. ¿Será todavía posible?

                                          María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Soria, «Opinión», “Cartas”, viernes 26 de noviembre de 2010).

29/12/2010 05:09 pilmarbarca Enlace permanente. Articulos No hay comentarios. Comentar.


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